jueves, julio 9, 2026

El mercado laboral argentino profundiza su tendencia hacia la precarización, según un estudio de la UCA

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Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA señala que entre 2010 y 2025 la movilidad ocupacional se volvió descendente, con mayor peso del empleo microinformal y peores ingresos.

En los últimos años, la movilidad ocupacional en Argentina se volvió descendente. Cambiar de situación laboral ya no representa un camino de integración o mejora, sino una estrategia defensiva asociada a mayor precarización y menor ingreso. Así lo indica el documento “Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en la Argentina (2010-2025)”, presentado por Ramiro Robles, Alejo Giannecchini y Valentina Ledda, investigadores del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (Odsa-UCA).

El informe analiza las transformaciones del mercado laboral durante los últimos quince años, en un contexto que el Observatorio define como de “estancamiento económico, volatilidad macro, heterogeneidad productiva y fragmentación institucional”. Este proceso se reflejó menos en un aumento de la desocupación y más en un cambio en la dinámica “regresiva” de absorción de la fuerza de trabajo, con mayor participación y empleo pero “con mayor peso de inserciones microinformales, precarias y de bajos ingresos”.

Microinformalidad

A partir de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares y del análisis de trayectorias laborales, el estudio identifica una estructura ocupacional cada vez más fragmentada, marcada por la persistencia del sector microinformal como “espacio de refugio ante la insuficiente generación de empleos formales, protegidos y mejor remunerados”. El deterioro también se observa en la precarización dentro del sector formal privado y en otras posiciones de la estructura ocupacional.

Entre el tercer trimestre de 2010 y el mismo período de 2025, la economía argentina mostró activación laboral con alto nivel de empleo y baja desocupación, pero con un sesgo hacia los sectores de baja productividad. El porcentaje de ocupados en el sector formal privado bajó del 36,6% al 35%. Dentro de este segmento, los no asalariados subieron 0,3 puntos (de 3,4% a 3,7%), mientras que los asalariados bajaron 1,9 puntos (de 33,2% a 31,3%). El peso del sector público bajó del 17% al 16,7%, con una reducción de la proporción de asalariados estatales (de 16,6% a 16,1%) y un aumento de los beneficiarios de planes de empleo (de 0,4% a 0,6%).

En el mismo lapso, el sector microinformal subió del 46,4% al 48,3%. La porción de ese universo que reviste como no asalariados subió de 28,2% a 31,7% (+3,5 puntos), mientras que la de asalariados bajó 1,6 puntos, de 18,2% a 16,6%.

Aceleración

Entre 2023 y 2025, el pasaje hacia el autoempleo informal se aceleró. Disminuyeron las chances de acceder desde la desocupación a puestos asalariados formales o públicos, y aumentaron los movimientos desde estos empleos más protegidos hacia actividades informales por cuenta propia.

Entre 2011 y 2013, el 24,1% de los desocupados pasó al sector informal y un porcentaje similar se insertó como asalariado informal privado o público. En los últimos tres años, el 29,5% migró a la informalidad y solo el 19,6% a la formalidad pública o privada. En el primer trienio analizado, el 4,8% de los asalariados formales se trasladó al autoempleo informal; en el segundo, el 6,2%.

Los investigadores sostienen que estos números expresan “más obstáculos para acceder a empleos productivos y más protagonismo de las estrategias del empleo autogenerado”. En el contexto reciente, la movilidad laboral “parece responder a la necesidad de seguir trabajando, más que a oportunidades de acceder a empleos de mejor calidad”, afirmaron. Al mismo tiempo, aumentan las chances de exposición al empleo precario y a los bajos ingresos.

Desarticulación

El documento exhibe que el resquebrajamiento de la estructura social del trabajo no se reduce a la expansión del sector microinformal ni al aumento de la precariedad tomada aisladamente. Se trata de un proceso de desarticulación entre estructura productiva, instituciones laborales y trayectorias ocupacionales.

Entre 2010 y 2015, la industria manufacturera aportaba el 25,4% del crecimiento económico, el comercio el 20% y el transporte el 11,9%. En cambio, entre 2023 y 2025 el liderazgo pasó a las actividades primarias (39,6%), las finanzas (35,1%) y la minería y explotación de canteras (24,6%), sectores con un efecto mucho más limitado sobre la creación de empleo directo.

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