miércoles, septiembre 30, 2026

El Niño no implica necesariamente inundaciones en Santa Fe, según especialistas de la UNL y el Gobierno provincial

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Investigadores de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la UNL y funcionarios del Ministerio de Obras Públicas analizaron los posibles efectos hidrológicos del fenómeno previsto para 2026-2027. Señalaron que el impacto dependerá de la combinación de crecidas, lluvias intensas, ascenso de napas y condiciones de vulnerabilidad del territorio.

El desarrollo del fenómeno El Niño durante 2026-2027 fue analizado en un conversatorio organizado por la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), realizado el 25 de septiembre en la sede de la facultad. Participaron especialistas del Centro de Hidrología y Gestión del Agua (CHyGA) de la FICH y funcionarios del Ministerio de Obras Públicas de la provincia de Santa Fe.

Entre los expositores estuvieron los docentes e investigadores de la FICH-UNL Viviana Zucarelli, Carlos Scioli, Alejandra Arbuet y Rosana Hämmerly, junto con Melina Pérez y Germán Abendaño, del Gobierno provincial. Tras las exposiciones se desarrolló un intercambio con los asistentes y se anunciaron nuevos conversatorios sobre la temática.

Rosana Hämmerly afirmó: “Sabemos que El Niño llegó pero no sabemos ni cuándo ni dónde, entonces lo que debemos hacer es conocer el comportamiento del sistema hidrológico para estar prevenidos en el momento que ocurra y dónde ocurra”.

Viviana Zucarelli explicó que uno de los objetivos del encuentro fue evaluar el grado de vulnerabilidad de los asentamientos urbanos y comunales frente a la amenaza climática. “El impacto tiene que ver con qué tan vulnerables somos respecto a esta amenaza que va a ser el evento de El Niño”, señaló. La especialista diferenció los conceptos de crecida e inundación: “Las crecidas ocurren cuando el río aumenta su caudal, aumenta su nivel; es normal que los ríos crezcan ante un evento de precipitación. Ahora, no es normal que nos inundemos”.

Los especialistas indicaron que el riesgo hídrico surge de la interacción entre una amenaza —por ejemplo, un río en creciente— y la vulnerabilidad del territorio. Para Santa Fe identificaron tres factores principales que pueden generar anegamientos: el desborde de los cursos de agua, las lluvias de gran intensidad y el ascenso de la napa freática. La combinación de estos fenómenos puede ser relevante para una ciudad asentada entre los sistemas de los ríos Paraná y Salado, con lagunas, humedales y distintos sectores expuestos a diferentes niveles de riesgo.

Otro concepto central fue que la vulnerabilidad no depende exclusivamente de la altura de los ríos. La ocupación de áreas susceptibles de inundación, la falta de ordenamiento territorial, la transformación de ambientes naturales, la deforestación, la impermeabilización de superficies y la construcción de viviendas e infraestructura en sectores sensibles pueden modificar las consecuencias de un mismo evento hidrológico. Por ello, los especialistas remarcaron que los mapas de riesgo no son estáticos y deben actualizarse permanentemente.

También se abordó el concepto de cuenca. Santa Fe forma parte de la Cuenca del Plata, uno de los grandes sistemas hidrográficos del mundo. Fenómenos ocurridos aguas arriba pueden tener consecuencias tiempo después en el territorio provincial. La dinámica de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay implica que precipitaciones registradas en sectores alejados, incluso en el sur de Brasil, pueden afectar los niveles de los cursos de agua en Santa Fe semanas más tarde.

Carlos Scioli diferenció las inundaciones fluviales, vinculadas al desborde de los grandes ríos, de las pluviales, provocadas por lluvias intensas y concentradas. Mientras las primeras pueden ofrecer un margen de previsión de varias semanas, las tormentas locales pueden generar situaciones críticas en pocas horas.

Scioli mencionó antecedentes históricos: la gran crecida de 1982-1983, cuando el agua permaneció aproximadamente 200 días en el valle de inundación, y la inundación del río Salado de 2003, cuyo caudal pasó de unos 180 metros cúbicos por segundo habituales a alrededor de 4.000 m³/s. Estos episodios funcionan como referencias para comprender las respuestas posibles del sistema hídrico. El análisis histórico mostró que los eventos de El Niño muy fuertes —como los de 1982/83, 1991/92, 1997/98 y 2015/16— coincidieron con crecidas fluviales importantes del Paraná. El antecedente de 2003 fue presentado como un fenómeno combinado: una cuenca previamente saturada, una precipitación extraordinaria y fallas de infraestructura. Los especialistas también señalaron que pueden registrarse lluvias extraordinarias sin que exista necesariamente un fenómeno El Niño, con episodios recientes de entre 300 y 500 milímetros en pocas horas.

Zucarelli destacó la articulación entre el conocimiento científico y los organismos estatales antes de que se consolide un escenario de emergencia: “En esta oportunidad, afortunadamente se está trabajando de manera muy coordinada con la academia, que es la que aporta el conocimiento, con la provincia y con la municipalidad y las comunas”.

Melina Pérez explicó que el objetivo es utilizar información meteorológica, hidrológica y territorial para identificar con anticipación los sectores más expuestos y definir medidas preventivas. La Provincia cuenta con una red de estaciones telemétricas que permite monitorear en tiempo real alturas de los ríos, niveles freáticos y precipitaciones. Los datos son centralizados para detectar puntos vulnerables y controlar posibles fallas instrumentales. También se generan reportes periódicos e información geográfica de acceso público.

Hämmerly señaló que las mayores precipitaciones asociadas al fenómeno El Niño podrían concentrarse hacia noviembre y diciembre, mientras que los picos de caudal de los ríos podrían reflejarse durante los primeros meses del año siguiente, particularmente febrero y marzo. Los especialistas remarcaron la importancia de anticiparse y no esperar a que aparezcan las primeras consecuencias para comenzar a actuar. También se destacó el trabajo sobre la limpieza de canales troncales y la necesidad de avanzar en obras adaptativas que puedan responder tanto ante escenarios de sequía como frente a excesos hídricos.

El mensaje final del encuentro fue que el posible impacto de El Niño en Santa Fe no puede determinarse solamente a partir de una cifra de lluvia o de la altura esperada de un río. La cantidad, duración y localización de las precipitaciones, los niveles de los cursos de agua, el estado de saturación del suelo, la napa freática y las características de cada sector del territorio serán elementos determinantes. El desafío planteado es sostener el monitoreo, actualizar los mapas de riesgo, ordenar el territorio y fortalecer la coordinación entre la Universidad, la Provincia, los municipios y las comunas.

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