La Organización Meteorológica Mundial informó que El Niño continuará fortaleciéndose hasta diciembre de 2026, con mayor probabilidad de lluvias superiores a las habituales en el sudeste de América del Sur. En Rosario, el historial de inundaciones del arroyo Ludueña y las obras hidráulicas construidas desde 1986 constituyen antecedentes para el análisis de las condiciones actuales de prevención.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 8 de octubre de 2026 que El Niño continuaba fortaleciéndose y que se esperaba que alcanzara su punto máximo alrededor de diciembre. El organismo señaló una probabilidad cercana al 100 % de que el episodio persistiera hasta febrero de 2027 y una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a los valores habituales en el sudeste de América del Sur durante el período octubre-diciembre. La OMM aclaró que estas previsiones describen tendencias climáticas regionales y no constituyen un pronóstico que indique inundaciones automáticas para Rosario.
El escenario requiere distinguir entre tres procesos que pueden relacionarse, pero que no son equivalentes: las inundaciones ocasionadas por desbordes de arroyos, los anegamientos urbanos asociados con lluvias intensas y las crecidas del río Paraná. Cada uno responde a condiciones hidrológicas y territoriales específicas y demanda información diferenciada para evaluar su evolución.
El antecedente histórico del arroyo Ludueña
Una investigación académica publicada por Pablo Suárez Leonardi, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y del Instituto de Investigaciones Socio-Históricas Regionales (ISHIR), reconstruye cuatro episodios de desbordes del arroyo Ludueña ocurridos en 1931, 1933, 1938 y 1940. El artículo, titulado “Chirleados por el Ludueña”. Las inundaciones urbanas en Rosario durante la década infame (1931-1940), analiza las consecuencias sobre los barrios del norte, las respuestas de los organismos públicos y las discusiones sobre las obras necesarias para reducir los daños.
El arroyo Ludueña nace al oeste de Rosario y desemboca en el río Paraná. Su cuenca abarca aproximadamente 700 kilómetros cuadrados, según los datos técnicos citados en el trabajo académico. La urbanización de las áreas próximas al arroyo incrementó los problemas asociados con las inundaciones, según señala el estudio. Los episodios reiterados impulsaron intervenciones estatales, asistencia a las familias damnificadas y propuestas para modificar el cauce o mejorar la conducción del agua. La decisión de avanzar con el entubamiento del arroyo se completó en 1942.
La inundación de abril de 1986
El período del 23 al 26 de abril de 1986 constituye uno de los momentos más recordados en la historia de las inundaciones de Rosario. El desborde del arroyo Ludueña afectó especialmente a Empalme Graneros y alcanzó también a Arroyito, Fisherton, Alberdi y otros sectores de la ciudad.
Una nota de La Capital del 30 de abril de 2022 señala que durante el episodio cayeron más de 160 milímetros de lluvia, que en algunos sectores el agua llegó a cerca de dos metros de altura y que alrededor de 80 000 personas resultaron afectadas. La misma publicación menciona unas 20 000 viviendas arruinadas. Esas cantidades deben atribuirse a la reconstrucción periodística y no presentarse como un balance oficial definitivo.
En una reconstrucción publicada por La Capital el 24 de abril de 2026, la periodista Carina Bazzoni recuperó el testimonio de Osvaldo Ortolani, quien tenía 26 años durante la inundación y vivía en Juan José Paso al 2500. Ortolani recordó que el agua comenzó a avanzar durante la madrugada y ocupó rápidamente la calle de vereda a vereda. Según su relato, las lluvias intensas se habían producido en la cuenca superior del Ludueña y la crecida llegó posteriormente a la parte baja.
Las fuentes retrospectivas no coinciden completamente en la fecha exacta del desborde principal. Algunas describen el período comprendido entre el 23 y el 26 de abril; otras sitúan el comienzo de la inundación en la madrugada del 24 o destacan el 26 de abril como fecha conmemorativa. La cronología definitiva requiere cotejar las ediciones originales de los diarios y los registros oficiales de la época. Tampoco debe confundirse el número de personas afectadas con la cantidad de evacuados. La nota de 2026 señala que el estadio de Rosario Central funcionó como centro de recepción y alojó a 15 000 personas.
La organización vecinal NU.MA.IN.
La inundación de 1986 impulsó una forma de organización comunitaria orientada a exigir soluciones estructurales. NU.MA.IN., sigla de “Nunca Más Inundaciones”, surgió de la movilización de los vecinos de Empalme Graneros. Las reconstrucciones de La Capital describen reuniones vecinales, reclamos ante autoridades municipales y provinciales y la búsqueda de asesoramiento técnico para comprender el funcionamiento de la cuenca.
La publicación de 2026 recoge el recuerdo de Ortolani acerca de ese cambio de perspectiva: frente a las inundaciones anteriores, el objetivo había sido reparar las viviendas después de cada crecida; a partir de 1986, la organización comenzó a concentrar sus esfuerzos en impulsar obras para evitar que los episodios se repitieran. La Vecinal Empalme Graneros también conserva la memoria de la asamblea popular que dio origen a la organización, con referencias a una concurrencia de miles de personas, cantidad que debe atribuirse a esa fuente vecinal mientras no se contraste con documentación contemporánea.
Obras hidráulicas posteriores
La construcción de infraestructura para regular las crecidas del Ludueña fue una de las principales respuestas al desastre de 1986. Entre las intervenciones mencionadas en las fuentes se encuentran la presa retardadora de crecidas y los conductos aliviadores que forman parte del sistema hidráulico de la cuenca.
La presa, ubicada en el entorno de Funes, fue una de las obras centrales de esa estrategia. Las reconstrucciones periodísticas sitúan la finalización de su construcción en diciembre de 1995, aunque la fecha exacta de puesta en funcionamiento debe corroborarse mediante documentación técnica oficial. Su finalidad es retener temporalmente parte del agua durante una crecida y regular su descarga, con el propósito de reducir el pico de caudal que circula aguas abajo.
Las fuentes también identifican los aliviadores II y III, junto con otros conductos, entre las intervenciones realizadas para mejorar la conducción del agua. Una publicación de La Capital de 2016 describe el Aliviador III como un conducto de más de dos kilómetros destinado a derivar parte del caudal del Ludueña hacia el Paraná cuando se superan determinados umbrales. La eficacia del sistema debe analizarse junto con las condiciones actuales de urbanización, la impermeabilización del suelo, el mantenimiento de los desagües y las posibles limitaciones de la infraestructura frente a distintos escenarios hidrológicos.
La propia memoria vecinal de Empalme Graneros mantiene abiertos los reclamos por nuevas obras. En la nota publicada en 2026, Ortolani advierte sobre los problemas asociados con nuevas urbanizaciones y sostiene que todavía son necesarias intervenciones adicionales para mejorar el saneamiento de la cuenca. Esa afirmación corresponde al testimonio del referente vecinal y debería complementarse con estudios hidráulicos actualizados antes de cuantificar las obras faltantes o determinar sus efectos.
El seguimiento hidrológico y las herramientas disponibles
La historia de las inundaciones urbanas de Rosario no debe reducirse al arroyo Ludueña. La ciudad se encuentra a orillas del Paraná y necesita considerar tanto la evolución de sus niveles y caudales como el comportamiento de los cursos de agua menores y del drenaje urbano.
El nivel del río registrado en la estación Rosario permite conocer una condición hidrométrica en un momento determinado. Sin embargo, una medición aislada no basta para establecer si se aproxima una crecida ni para determinar sus posibles consecuencias. Para ello deben examinarse las tendencias de los niveles, la velocidad de variación, los aportes de los tributarios, las precipitaciones en distintos sectores de la cuenca y los pronósticos hidrológicos disponibles.
Entre las herramientas de consulta se encuentra el Centro de Informaciones Meteorológicas (CIM) de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que ofrece información sobre alturas hidrométricas. También resultan relevantes los informes del Instituto Nacional del Agua (INA) y del Observatorio Hidrológico Nacional, según la disponibilidad de sus publicaciones y estaciones de medición. En el caso de Rosario, estos registros deben complementarse con las alertas y los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), que permiten evaluar la evolución de las condiciones meteorológicas a corto plazo.
Es importante distinguir el alcance de cada fuente: los pronósticos climáticos estacionales describen probabilidades para períodos de varios meses; las alertas meteorológicas se refieren a situaciones de riesgo previstas para plazos más inmediatos; y los registros hidrológicos describen el comportamiento observado de los cursos de agua. Su integración permite construir una evaluación más completa, aunque ninguna de estas herramientas, por separado, determina automáticamente que se producirá una inundación en la ciudad.
El Niño entre octubre de 2026 y febrero de 2027
El comunicado de la OMM del 8 de octubre de 2026 señala que El Niño continuará fortaleciéndose durante el último trimestre del año y que se espera que alcance su punto máximo alrededor de diciembre. El pronóstico estacional identifica una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a los valores habituales en el sudeste de América del Sur para octubre, noviembre y diciembre.
La misma publicación advierte que las proyecciones estacionales describen tendencias regionales y no reemplazan los pronósticos nacionales y locales. Por lo tanto, no es posible deducir de la presencia de El Niño una fecha de inundación, una cantidad exacta de milímetros de lluvia para Rosario ni una determinada altura futura del río Paraná.
Para el período comprendido entre octubre de 2026 y febrero de 2027, la evaluación debe actualizarse a medida que se publiquen nuevos informes oficiales. En particular, será necesario observar si se mantienen las tendencias estacionales previstas, qué precipitaciones se registran efectivamente, cómo evolucionan los niveles del Paraná y del Ludueña, y qué condiciones presentan los sistemas de drenaje urbano.
El antecedente de 1986 aporta una enseñanza específica: las lluvias registradas en la parte superior de una cuenca pueden repercutir posteriormente en sectores urbanos situados aguas abajo. Esa relación hidrológica justifica el seguimiento territorial y temporal de las precipitaciones, pero no permite equiparar automáticamente la situación de 1986 con el escenario climático de 2026. Tampoco corresponde atribuir a El Niño todos los anegamientos que puedan producirse durante el período.
Protección Civil y la preparación operativa
La Dirección General de Gestión de Riesgos y Protección Civil de la Municipalidad de Rosario mantiene el seguimiento de las condiciones meteorológicas y de las situaciones que puedan representar riesgos para la población. El trabajo preventivo incluye la evaluación de información oficial, la recepción de reclamos, la verificación de situaciones en territorio y la coordinación de las intervenciones que correspondan.
La Central de Emergencias 103 recibe llamados durante las 24 horas. La información aportada por los vecinos permite registrar situaciones que requieren evaluación y orientar la intervención de los equipos municipales. Los verificadores concurren a los lugares señalados para constatar las condiciones y transmitir información actualizada, mientras que el personal operativo desarrolla las tareas necesarias según las características y la urgencia de cada caso. Este mecanismo permite vincular la información recibida por los canales de emergencia con la verificación territorial y la respuesta operativa.
La tarea preventiva no depende exclusivamente de la respuesta durante una emergencia: también requiere mantener actualizada la información y fomentar la concientización comunitaria, de modo que toda la ciudadanía pueda formar parte activa de los planes de contingencia frente a este fenómeno climático.
