jueves, octubre 1, 2026

Gerardo Montoya presenta ‘Papá Paki’, un libro sobre paternidad y migración

Noticias Relacionadas

El poeta y psicoanalista mexicano radicado en Buenos Aires publicó un libro que aborda la paternidad desde la experiencia personal, la migración y la falta de referencias masculinas. El autor dialogará sobre su obra en Santa Fe.

El escritor Gerardo Montoya presentó su libro Papá Paki (Editorial Aquitania Siglo XXI), un texto que aborda la paternidad desde su experiencia personal como migrante mexicano radicado en Buenos Aires desde 2005. La obra parte de situaciones como el divorcio, la crianza de sus hijos y la condición migrante para plantear preguntas sobre una experiencia que, según el autor, carece de suficientes palabras y espacios compartidos.

En diálogo con medios, Montoya explicó: «Por ejemplo, llevándolo a la paternidad, mostrar aspectos que no se suelen mostrar de la propia experiencia de criar y ser padre relacionados con la fragilidad, el no saber, y que hay mucha falta de palabra ahí, sobre todo entre hombres».

La experiencia del desarraigo atraviesa el libro. Montoya llegó a Buenos Aires en 2005 y construyó allí buena parte de su vida adulta, pero su relación con México permanece como una dimensión activa de su identidad. En el texto, esa condición se expresa también en la lengua: la jerga mexicana convive con la porteña, el lunfardo y el lenguaje digital.

«Después de 20 años de vivir en Buenos Aires, mi registro orgánico es que salga como salga. Implica una contaminación de lenguajes en sí», dice el autor. Cada registro funciona como «una ventana hacia otro mundo» y la mezcla puede ser una invitación para que el lector se detenga y busque. «En el poema tiene que haber cierto reducto con misterio», agrega.

Montoya también plantea una dimensión política en la mezcla de lenguajes: «Creo que una identidad contemporánea de relevancia política es la identidad migrante». Para él, se trata de una experiencia global que obliga a revisar categorías como las identidades estables o la pertenencia territorial. «Hay un sujeto político migrante desterritorializado, como una ciudadanía distinta», señala.

En ese contexto, el lenguaje del libro busca incorporar la diferencia a la conversación. La vida contemporánea, dice, está hecha de fragmentos que deben convivir. «La precarización actual fuerza a unir pedacitos de experiencias en una vida».

La paternidad es uno de los lugares donde esa fragmentación se vuelve visible. La crianza pone en juego una dimensión de la masculinidad que suele quedar fuera de escena: la fragilidad, la falta de certezas y la dificultad para pedir ayuda. «En situaciones de crianza, como varón, no estás preparado para colaborar con tus congéneres desde el no saber y desde la falta», afirma.

Un documental sobre la experiencia

En Papá Paki, la experiencia personal no busca convertirse en confesión. El escritor prefiere pensar el libro «como un documental»: un diálogo con el presente a partir de cuestiones vividas, en el que los recuerdos también se transforman al ser narrados. La exageración y la parodia le permiten capturar algo de una época. «Uso cuestiones anecdóticas deformadas para contar algo de cierto momento histórico de Argentina», explica.

Esa distancia con la llamada literatura del yo también está vinculada con su mirada sobre las redes sociales y la construcción de la identidad en el presente. «No me gusta decirle literatura del yo porque se bastardeó mucho el concepto», sostiene.

La exposición permanente en redes, afirma, volvió más difícil separar ficción y realidad y convirtió al yo en una construcción constante. «Hay algo de la época donde la diferencia entre ficción y realidad se barrió tanto, que hay una construcción constante del yo que hace que me cueste pensar desde ahí». Por eso decidió alejarse de las redes: «Es un gran experimento en el que prefiero participar como audiencia, pero no creando».

Si la identidad se encuentra en permanente construcción, la familia también aparece como un espacio que debe reorganizarse. Después del divorcio, hacerse cargo de sus hijos como migrante implicó afrontar la ausencia de una familia extendida. «Las tareas de cuidado tienen que ser en red para que sea sano para todos los involucrados». Frente a esa falta de una red cercana, recurrió a los vínculos de amistad.

«Me inventé la figura del tío o tía de onda. Convoqué amigues para que sean tíes de mis bestias y a ellos no les cambiaba en nada, pero a mí me hacía sentir mucho más acompañado». La frase resume una idea central de su experiencia: el cuidado puede construirse también por fuera de los lazos de sangre. «Es difícil juntar cuerpos, pero algún tío con onda apareció», asegura entre risas.

Esa red también obliga a pensar el tiempo. La crianza ocurre mientras continúan el trabajo y las obligaciones cotidianas. El home office plantea una pregunta concreta sobre la presencia: «Tienes que estar calibrando. ¿Qué significa home office? ¿Cortar un rato y sentarme 15 minutos de presencia con mis hijos o seguir trabajando y cumplir mi rol como padre aunque no les esté prestando atención?». La respuesta no parece una fórmula definitiva, sino más bien un aprendizaje.

Pocas referencias masculinas

La discusión sobre el cuidado lleva directamente a la masculinidad. El autor señala que los varones cuentan con pocas referencias para pensar qué significa ser varón. «Que haya tan pocos arquetipos es como no permitirnos como subjetividad y cuerpos habitar un rango más amplio de experiencias». En ese marco, la paternidad está atravesada por una paradoja: querer involucrarse en la crianza sin contar con espacios colectivos para hacerlo acompañado.

«Tenemos mucho para aprender de las maternidades, que son netamente prácticas y dispositivos de cuidado, autocuidado necesarios para el rol de cuidador». Lo que busca el poeta es abrir una posibilidad: «Mi intención al escribir este tipo de paternidad es como una carta, que uno lanza la botella al mar».

La mirada sobre la familia también alcanza las formas en que se entiende la paternidad. El autor plantea la necesidad de evitar que el rol de padre termine ocupando todos los espacios de la vida. «El área de oportunidad más grande a la hora de repensar esto es desidealizar la función de la paternidad en función de no aportar una identidad totalizante».

La crianza puede poner en crisis los espacios personales, pero eso no debería presentarse como la única forma posible de ejercerla. «Se suele encontrar una respuesta que encaja y se sostiene en el tiempo y eso termina arruinando a las familias», confiesa.

De ahí surge una de las frases centrales de la conversación: «El terreno de la crianza está hiperideologizado, todo el mundo hace una pantomima de algo porque tiene que defender una versión de amor». El problema aparece cuando esa versión se sostiene por obligación. «Sostenerlo por sostenerlo nos acartona, y es ahí donde podemos generar un ambiente más mortífero de crianza, el que uno no es persona en la familia», reflexiona.

El humor y la ironía funcionan como otra forma de escapar de esa rigidez. Su mirada crítica sobre lo real convive con una experiencia de la paternidad que modificó su relación con el amor. «Esta experiencia de la paternidad habilitó en mí la posibilidad de amar con menos neurosis o sin ella. Amar sin enrollarme tanto con el amor». El cuidado, agrega, obliga a convivir con emociones que pueden entrar en tensión: «Es posible sostener dos emociones contradictorias a la vez y que eso sea humano y parte de la experiencia».

El mundo que rodea a esa familia también cambió. En Papá Paki aparecen Rappi, las aplicaciones, los algoritmos y las corporaciones tecnológicas que él llama titanopolios como parte del paisaje cotidiano.

Hablar todo el tiempo

«Cada vez se hace más difícil juntar cuerpos en un espacio. Estamos con esto de hablar todo el tiempo, pero eso no implica que haya un cuerpo presente». El problema, plantea, es qué posibilidades de vínculo quedan fuera de la pantalla: «Cuando el medio para relacionarse es solo la pantalla hay situaciones que dejan de imaginarse como posibles, y ese es el peligro más grande».

Ahora, dos décadas después de su llegada a Buenos Aires, aparece otra vez la pregunta por el hogar. Quiere escribir sobre el regreso a Monterrey y sobre el choque entre el país que dejó y el que encuentra hoy. «¿Cuál es mi propio país? Se me redobla esto de ser extranjero», razona. Es así que está finalizando el libro Monterrey, en honor a la ciudad que lo vio nacer.

En ese movimiento entre ciudades, identidades y formas de familia, el libro de poesías deja abierta una pregunta. Montoya no busca fijar una definición de la paternidad, sino ampliar el repertorio disponible. «Lo que más me gustaría es que motivara a las personas a escribir otros imaginarios dentro de esta identidad que es ser padre». La pretensión, dice, es «generar preguntas para que se habiliten otros mecanismos».

Gerardo Montoya básico

  • Nació en Monterrey, México, en 1984.
  • Es poeta, psicoanalista, consultor en comunicación estratégica, editor y gestor cultural. Radicado en Buenos Aires desde 2005, es licenciado en Psicología por la UBA y cursó estudios de posgrado en Gestión de Contenidos en la Universidad Austral.
  • Participó en antologías bilingües de PEN Francia y Vincle Editorial.
  • Fue vicepresidente del Centro PEN Argentina (2023-2026), cofundador de Qeja Ediciones y Enclaves Asociación Civil, y ha desarrollado proyectos de poesía y gestión cultural. Su trabajo cruza poesía, política, migración, paternidad y cultura digital.

Papá Paki, de Gerardo Montoya (Editorial Aquitania Siglo XXI).

Últimas Publicaciones