Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) señala que la carga tributaria sobre los asalariados registrados se mantiene cerca del 50% del costo laboral, pese a las rebajas impositivas anunciadas por el Gobierno nacional.
La rebaja de impuestos fue uno de los ejes de la campaña presidencial de Javier Milei en 2023 y una de las principales consignas de su gestión. La eliminación del Impuesto PAIS, la reducción de retenciones para distintas actividades y otras modificaciones tributarias fueron presentadas como señales de un cambio de rumbo. Sin embargo, cuando el análisis se traslada desde las cuentas del Estado hacia el bolsillo de quienes trabajan en blanco, el panorama cambia considerablemente.
Un estudio elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) concluye que una familia asalariada formal continúa soportando una carga tributaria cercana al 50% de su ingreso laboral total. Es decir, por cada $100 que representa el costo laboral de un empleado registrado, aproximadamente la mitad termina absorbida por impuestos y contribuciones de los tres niveles del Estado.
Dos formas distintas de medir los impuestos
La aparente contradicción tiene una explicación metodológica. Cuando el Gobierno sostiene que la presión tributaria está bajando, utiliza un indicador que mide la recaudación como porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI). Bajo esa medición, el IARAF proyecta que la presión tributaria consolidada caerá hasta el 26,7% del PBI en 2026, impulsada principalmente por la baja de retenciones y otros impuestos nacionales.
Pero el informe propone mirar otra variable: la carga tributaria formal. En lugar de observar cuánto recauda el Estado, calcula cuánto debería pagar un contribuyente que cumple íntegramente con todas las obligaciones tributarias, sin evasión ni informalidad.
La diferencia no es menor. Mientras la presión tributaria refleja los ingresos efectivos del Estado, la carga tributaria formal intenta medir el peso real que soporta un trabajador registrado sobre sus ingresos, su patrimonio y su consumo.
Además, el estudio arroja un dato llamativo: los dos perfiles intermedios de ingresos presentan una carga tributaria menor que el caso de menor salario. Es decir, un trabajador formal con ingresos medios puede terminar soportando una presión impositiva relativamente inferior a la de otro con ingresos más bajos.
La explicación aparece al desagregar la carga por tipo de tributo. Los impuestos vinculados al trabajo (aportes personales y contribuciones) son el componente de mayor peso, pero su incidencia cae a medida que aumenta el ingreso. En el caso de menores ingresos representan alrededor del 33% del ingreso total, mientras que en el tramo más alto descienden al 25,6%. Según el IARAF, esta reducción se explica principalmente por el tope fijado para los aportes personales a la seguridad social, que hace que esos descuentos pierdan peso relativo en los salarios más elevados. El resultado es una estructura con rasgos regresivos: quienes menos ganan no siempre son los que menos impuestos soportan en términos relativos.
La baja de impuestos todavía no se siente
El trabajo muestra que las reformas implementadas hasta ahora apenas modificaron esa carga. En tres de los cuatro perfiles familiares analizados, la reducción respecto de 2025 fue de apenas una décima porcentual, mientras que para el nivel de mayores ingresos no hubo cambios.
En otras palabras, aunque existieron rebajas impositivas puntuales, todavía no alcanzan para alterar significativamente el esfuerzo fiscal que realiza un asalariado formal.
No sólo se paga al cobrar el sueldo
Uno de los principales aportes del informe es que demuestra que la carga tributaria no termina con el descuento que aparece en el recibo de haberes.
Los impuestos vinculados al trabajo (aportes personales, contribuciones patronales e Impuesto a las Ganancias para quienes corresponda) representan el componente de mayor peso dentro de la estructura tributaria. A eso se agregan los gravámenes que se pagan cada vez que se consume: IVA, Ingresos Brutos, tasas municipales, impuesto al cheque, combustibles, impuestos internos y otros tributos incorporados en los precios de bienes y servicios.
De esa manera, la carga impositiva acompaña al trabajador desde que genera su ingreso hasta cada compra que realiza.
Trabajar medio año para pagar impuestos
El IARAF vuelve a utilizar este año un indicador que busca traducir esa carga a un lenguaje más cotidiano: el denominado Día de la Independencia Tributaria.
Según el estudio, un trabajador formal necesita destinar entre 172 y 182 días laborales para cubrir todos los impuestos que recaen sobre sus ingresos y consumo. Recién entre el 21 de junio y el 1 de julio comienza, simbólicamente, a trabajar para sí mismo y no para afrontar obligaciones tributarias.
El mismo ejercicio puede expresarse de otra manera: dependiendo del nivel salarial, entre 28 y casi 30 minutos de cada hora trabajada equivalen al pago de impuestos.
Una estructura que todavía no cambió
El informe no cuestiona que la administración nacional haya iniciado un proceso de reducción de impuestos. De hecho, reconoce una caída de la presión tributaria agregada.
Lo que sí advierte es que la estructura tributaria argentina sigue manteniendo prácticamente el mismo peso sobre quienes trabajan en la formalidad. Los impuestos laborales continúan siendo el principal componente de la carga total y los tributos al consumo siguen impactando con fuerza sobre los ingresos familiares.
En ese contexto aparece una de las principales paradojas de la política económica actual: mientras el Gobierno exhibe una reducción de impuestos en términos macroeconómicos, la mayoría de los trabajadores registrados todavía no percibe un alivio significativo en su economía cotidiana.
