sábado, junio 27, 2026

Crimen del policía federal en Villa Banana: dos nuevos imputados y dudas sobre el accionar policial

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La investigación por el asesinato del policía federal Rodolfo Manfredi sumó dos nuevos imputados, padre e hijo del clan Muñoz. Persisten interrogantes sobre la presencia de los agentes en los pasillos del barrio.

La investigación por el asesinato del policía federal Rodolfo Manfredi, ocurrido en Villa Banana el 11 de junio, sumó dos nuevos imputados. Se trata de Eduardo Muñoz y su hijo de 17 años, ambos pertenecientes al clan Muñoz. Eduardo es hermano de otros dos acusados como autores del crimen. Con estas dos incorporaciones, ya son cinco los imputados en la causa, cuatro de ellos miembros de la misma familia vinculada a la banda que históricamente organizó Dalmacio «Sapo» Saravia, actualmente preso con condena por narcotráfico. El restante imputado es un hombre acusado de encubrimiento por haberse llevado el arma y otras pertenencias del policía, que no fueron halladas.

Eduardo Muñoz fue aprehendido en el barrio Tablada, donde se mantenía evadido de un pedido de captura. El fiscal federal Matías Scilabra le atribuyó la participación en el crimen, al igual que a su hijo. La causa también investiga a los Muñoz por delitos relacionados al comercio de drogas.

En paralelo al avance de la investigación, permanecen los interrogantes sobre el motivo por el cual tres agentes abocados a patrullajes estaban de civil en ese lugar. Según versiones recogidas por La Capital en Villa Banana, los policías fueron directamente a hablar con personas vinculadas a la venta de drogas. Preguntaron por cocaína de una manera que levantó sospechas entre transeros y custodios, que se alertaron entre sí y terminaron emboscando a los agentes. Entre los relatos barriales y la investigación hay una duda en común: quién disparó primero.

Vecinos del barrio expresaron su preocupación tanto por lo ocurrido como por posibles consecuencias. Hubo episodios que generaron conmoción, como una serie de operativos que los vecinos calificaron como «razzia» y que provocaron presentaciones por apremios en un Centro Territorial de Denuncias (CTD). Una mujer de 57 años declaró: «Villeros, crotos, basuras, ustedes saben quién mató a nuestro compañero y no quieren hablar». Otra vecina de 72 años denunció: «Esposaron a mi hijo, empezaron a golpearlo, le pegaban patadas con los botines en el rostro, en diversas partes del cuerpo. Comenzaron a romper distintos artefactos, como por ejemplo un televisor, tiraron una pared abajo. Después de golpear brutalmente a mi hijo les sacaron las esposas y se retiraron». En la semana, cuatro agentes federales quedaron bajo investigación por la denuncia de un hombre sobre una golpiza que le provocó la fractura de un brazo.

Villa Banana quedó atravesada por el crimen. Vecinos consultados sostienen que el hecho también fue consecuencia de una fragmentación visible tras el plan de urbanización que abrió gran parte de la zona. «Es un barrio partido en dos, la zona más conflictiva quedó como hace 20 años y ahí avanzó la narcocriminalidad», aseguró un referente. Una semana después del asesinato, la Justicia provincial autorizó el derribo de tres domicilios en la zona donde ocurrió el crimen. «Lo que tiraron abajo eran aguantaderos, lugares para consumidores. Los verdaderos búnkeres son las casas que tiene el Sapo y los galpones donde acopian», afirmó una fuente barrial.

La versión expuesta por la Fiscalía federal en audiencia y lo explicado por Macarena Ortiz, jefa del servicio del Plan Bandera, es que la víctima y sus dos compañeros ingresaron a los pasillos a «realizar identificaciones». Desde la propia fuerza cuestionan este argumento por el hecho de que los agentes destinados al Plan Bandera están designados para patrullajes en uniforme y no para tareas de civil. Un testigo de identidad reservada aseguró haber escuchado a uno de los imputados decirle a los policías «que ahí no se vendía droga y que se fueran». En el barrio, según lo relevado, dicen que los policías preguntaron «por la de 3» en relación a las dosis de una cocaína de bajo rango valuadas en tres mil pesos. «Pero todos saben que en Banana se vende la de 2, la de 3 se vende en La Boca (al sur del barrio). Ahí fue cuando los pibes empezaron a silbar», aseguró una persona consultada.

El único policía que resultó ileso declaró que, al ser reconocidos, buscaron salir del barrio y que le dijo a sus compañeros que «el fierro» era el último recurso. De acuerdo a este relato, fue uno de los Muñoz el que comenzó a disparar y los agentes intentaron repeler. En Villa Banana ponen en duda qué parte gatilló primero, más allá de que el agente Manfredi recibió por la espalda los tres balazos que le provocaron la muerte. El viernes, el fiscal federal Matías Scilabra les atribuyó a Eduardo Muñoz y su hijo los mismos cargos que a Luis y Jorge Muñoz: homicidio calificado por ser cometido contra un miembro de fuerza de seguridad, dos tentativas por los agentes sobrevivientes, tenencia de armas y comercialización de estupefacientes organizada. En Villa Banana coinciden con la línea de Fiscalía que ubica a los Muñoz en la escena del crimen; incluso aseguran que uno de ellos los días siguientes anduvo por el barrio jactándose de lo que había hecho.

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