El DT canalla se enfrenta a su primer gran desafío en un partido de eliminación directa, uno de los motivos que impulsó su llegada al club.
Llegó la hora de la verdad. El torneo Apertura 2026 comienza sus instancias finales y tanto para Central como para los otros 15 equipos que se mantienen en competencia, el desafío será grande. Pero individualmente hay quienes pueden encontrar en este tipo de partidos un peso extra. En Arroyito, esa persona es ni más ni menos que el entrenador Jorge Almirón.
No hay motivos suficientes como para poner al técnico canalla en el centro de la escena respecto a lo que viene, pero hay un contexto que es imposible obviar. Su elección tuvo que ver con que a su antecesor, Ariel Holan, no le había ido del todo bien en los partidos de eliminación directa. Y de Almirón se destacaba, justamente, la efectividad en esos encuentros en los dos últimos clubes que dirigió en Argentina, con los que llegó, casualmente, a la final de la Copa Libertadores.
Hoy lo que se puede decir con todas las letras, para que nada se preste a malas interpretaciones, es que Almirón viene haciendo un muy buen trabajo en Central, al menos en lo que tiene que ver con los resultados. Su equipo no solo se metió entre los ocho mejores de su zona, sino que lo hizo entre los cuatro primeros. Además, en el plano internacional, Central viene llevando de riendas cortas a una Copa Libertadores en la que al menos hoy tiene encaminada la clasificación a los octavos de final.
En el partido contra Tigre se confirmó que Central quedaba en el cuarto puesto y que debía enfrentar a Independiente. Hecha la aclaración de que este Central de Almirón camina con pie firme, el partido del próximo domingo frente a Independiente, por los octavos de final del torneo Apertura, es algo así como una prueba de fuego para el entrenador.
Será su primera cita importante con uno de esos mata-mata que tantas controversias despertaron en el último tiempo, cuando el equipo de Ariel Holan se quedó en cuartos de final del Apertura 2025 frente a Huracán, y directamente en octavos de final en el Clausura de ese mismo año, en aquel recordado partido contra Estudiantes, también en el Gigante de Arroyito. No será la primera experiencia para Almirón en un partido de eliminación directa desde que tomó el equipo. Ya pasó por el enfrentamiento en Copa Argentina, en el que cargaba con toda la obligación de pasar, pero está claro que el rival, Sportivo Belgrano de San Francisco, era de un componente futbolístico muchísimo más inferior.
Nadie lo dijo con todas las letras ni a viva voz, pero en medio de la sorpresa de la salida de Holan, el mundillo del fútbol que rodea a Central habló de que esa debilidad en los partidos de eliminación directa resultó determinante. Y teniendo en cuenta que este año había Copa Libertadores, ameritaba un salto de calidad en ese sentido.
“El haber andado tan bien el año pasado, el haber clasificado a torneos importantes como lo es la Libertadores, nos dio el impulso de buscar e intentar dar un paso más. Cuando se fue Ariel tuvimos la posibilidad de contar con Jorge, que tiene una vasta experiencia en la Libertadores. Sabemos que va a ser un paso, para nuestro y nuestra gestión, muy importante”, fueron las palabras del presidente Gonzalo Belloso a la hora de darle la bienvenida a Almirón, el pasado 5 de enero, en la sede fundacional.
Aquella búsqueda que se hizo por intentar potenciar al equipo en instancias finales y con partidos de eliminación directa tuvo un destinatario. Fue este Jorge Almirón que hoy maneja las riendas del equipo y que tendrá su primer gran desafío en un mata-mata. Nada de lo que acontezca el domingo frente a Independiente resultará determinante para Central, porque será un partido más en medio de tantos otros y dentro de un proceso que, al menos hasta aquí, abraza un análisis positivo. Solo que hay un contexto por detrás que trae a la memoria por qué carriles transcurrió aquella búsqueda de un nuevo DT. La obligación recaerá en todos, desde el primero al último de los que les toque jugar e incluso del resto, pero a Almirón, hay una prueba de fuego que le toca la puerta.
