El presidente Javier Milei enfrenta un momento crítico de su gestión, con la inflación acelerándose y el escándalo en torno al jefe de Gabinete, Guillermo Adorni, que complica la agenda política. A pesar de las presiones, el mandatario sostiene su rumbo de ajuste fiscal.
El presidente Javier Milei atraviesa un punto crítico en su gobierno, con la inflación en alza y el caso Adorni expandiéndose como una mancha tóxica. Lo que funcionó hasta ahora ya no da resultados, y la gestión política y económica gira en falso. El propio Milei tuvo que reconocer que el 3,4% de inflación de marzo es un dato negativo. “Me repugna”, dijo en el encuentro de AmCham, la Cámara de Comercio de Estados Unidos, donde se lo vio nervioso a pesar de la platea amigable.
La disparada de los precios pone en cuestión su marco teórico: si la emisión monetaria está controlada, ¿por qué se acelera la inflación? El presidente deja de lado el manual monetarista y apela a otras explicaciones, desde complots políticos y la guerra en Medio Oriente hasta el precio de la carne. Los datos del Indec representan un problema político para Milei, ya que la baja de la inflación era su principal bandera, la que le permitió ganar en 2023, conservar capital político en sus primeros dos años y ser clave en el triunfo electoral de octubre. El peor número de inflación en doce meses aparece cuando se resquebrajan las expectativas de futuro y la mayoría de la sociedad responsabiliza a la actual gestión por los problemas económicos.
La garantía de la herencia recibida ya expiró. Milei enfrenta su primera crisis estructural: el modelo que estabilizó la economía empieza a mostrar límites y el gobierno no encuentra cómo corregirlo sin romper su propia lógica. En su discurso, el presidente ensaya una estrategia a dos bandas: a quienes no aguantan más sacrificios les pide paciencia y promete tiempos mejores, mientras que a los mercados les asegura que el superávit fiscal es innegociable. El ex panelista televisivo se encuentra en un problema típico de un presidente argentino: se abrazó demasiado tiempo a instrumentos que sirvieron para cumplir el objetivo (dólar y salarios pisados, apertura de importaciones) y ahora no sabe cómo soltarlos.
Milei se resiste a las voces que le piden relajar el ajuste para reanimar la economía, incluso al costo de una inflación amesetada en 3% o más. El presidente sostiene el rumbo a pesar de los peligros. En el evento de AmCham también generó ruido otra frase: “Si no nos acompañan no pasa nada, nos volvemos a casa”. Estas palabras son música para los empresarios que ven en Milei un presidente dispuesto a hacer el trabajo sucio, pero también suman derrotismo a La Libertad Avanza en un momento de extrema tensión.
El caso Adorni dejó de ser un problema individual para convertirse en un test de autoridad para Milei. Más que la defensa del jefe de Gabinete sobre sus gastos y patrimonio, está en juego la capacidad del gobierno para contener la crisis. Adorni complica el dispositivo de control de daños: al comienzo del escándalo había dicho que sus únicas vacaciones en dos años y medio fueron la escapada a Punta del Este en el fin de largo de carnaval, pero la Justicia confirmó que pasó el Año Nuevo de 2025 en Aruba. La causa por enriquecimiento ilícito toma velocidad. “Ariel Lijo es un juez que te lleva al límite y aprieta, pero no ahorca”, dice un dirigente santafesino que conoce el ámbito judicial.
Mientras tanto, Adorni sigue en su cargo. Los Milei se alternan para cuidarlo y mostrarlo activo: Javier lo sentó en la primera fila en AmCham y Karina lo sumó a una recorrida en el Instituto Malbrán y a Vaca Muerta, donde ambos lucieron el mameluco de YPF. Adorni se calza el overol, pero al gobierno le cuesta arrancar y retomar la iniciativa política. El oficialismo tiene proyectos en carpeta, pero los aliados están menos cooperativos, ya que todos leen encuestas que muestran que la imagen de Milei está en caída.
