viernes, septiembre 25, 2026

Sol Wais, referente del sound healing, encabezará una sesión masiva en el Bienestar Fest

Noticias Relacionadas

La violonchelista y terapeuta de sonido Sol Wais combina música clásica y cuencos tibetanos en experiencias inmersivas. El domingo 25 de octubre liderará una sesión de sound healing para una multitud en el Hipódromo de Palermo, en el marco del Bienestar Fest organizado por LA NACION y OSDE.

Sol Wais es violonchelista desde hace más de 35 años. Estudió en el Conservatorio Manuel de Falla, tocó en orquestas estudiantiles, estudió dirección orquestal y trabajó con orquestas en instituciones educativas. Hace dos décadas comenzó a estudiar sonoterapia, cuando en Argentina prácticamente no existían profesores que enseñaran a tocar un cuenco tibetano. Buscó formación en el exterior y estudió durante diez años antes de ofrecer una experiencia a un desconocido. En el proceso investigó los efectos de esos sonidos sobre el sistema nervioso, tema que hoy también enseña.

Hace seis años decidió dedicarse por completo a la terapia de sonido e integró su formación musical clásica con el universo de los sonidos armónicos. Diseñó su propio set de siete cuencos de cuarzo, fabricados especialmente y afinados nota por nota. «No me gusta que suenen como tin, pum, pan, como los cuencos vistosos que no combinan», declaró.

Wais diseña experiencias inmersivas que combinan música clásica, cuencos de cuarzo y metal, y una escenografía con velas y mantas. Trabajó junto a Deepak Chopra en su retiro en Punta del Este, con Bruce Lipton durante su paso por Buenos Aires y con Mabel Katz en encuentros de hasta 300 personas acostadas en el piso.

El domingo 25 de octubre se presentará en el Bienestar Fest, organizado por LA NACION junto a OSDE en el Hipódromo Palermo, al frente de una experiencia de sound healing pensada para una multitud. Para conocer más sobre el Bienestar Fest: entradas y agenda hacer clic acá.

Cuando describe lo que hace, Wais evita la palabra «clase» y prefiere «experiencia». Habla de guiar a un grupo hacia un estado de relajación profunda y de construir con los instrumentos algo parecido a un relato: «Es como contar una historia, llevar a alguien de viaje a través de distintos paisajes sonoros». Cuencos tibetanos, campanas, instrumentos que imitan el sonido del mar y percusión cumplen una función en ese recorrido, que suele cerrar con varios minutos de silencio absoluto.

Del Bienestar Fest no quiso adelantar demasiado —»no spoileemos», pidió, entre risas— pero sí dejó algunas certezas. Va a sumar músicos, probablemente una flauta traversa, y a un grupo de alumnos que van a circular entre el público tocando los mismos instrumentos que ella, para que el sonido no llegue solo desde el escenario sino que rodee a cada persona. «Que alguien pueda sentir que el sonido está llegando desde otro lugar, desde cerca», explicó.

«Todo lo que es movimiento llama mucho, la gente se junta, participa, se copa y entonces se queda», explicó sobre por qué una experiencia de descanso profundo funciona mejor después de una actividad física intensa, no antes. Es una lectura que hizo en cada festival donde participó: primero el cuerpo se agita, después necesita bajar. Ahí, dice, es donde puede aparecer el sound healing dentro de la grilla de un evento masivo.

Wais repite que la terapia de sonido no es el objetivo, sino la excusa. «La excusa son los cuencos, para convocar a gente que está vibrando en la misma sintonía y que pueda encontrarse entre sí», dice. Menciona participantes que se hicieron amigos después de sus encuentros, que armaron pareja, que vuelven una y otra vez no tanto por los cuencos sino por lo que pasa alrededor de ellos.

Nota que la práctica se popularizó rápido en los últimos años y que eso trajo gente que se lanza a guiar sesiones con apenas preparación. Por eso, además de las experiencias en vivo, dicta una formación anual completa para quienes quieren dedicarse a esto profesionalmente, y es tajante con la diferencia: un curso de fin de semana puede servir para uno mismo, pero no alcanza para guiar a otros.

Después de cada sesión suele hacer una pregunta sencilla: cómo está tu mente ahora. «Les digo que registren la calidad de su mente en ese momento, que miren cómo sienten el cuerpo, que noten si algo cambió», cuenta. Ese instante de registro, dice, es tan importante como la experiencia misma.

El domingo 25 de octubre Sol Wais hará lo que hace en cada una de sus sesiones: juntar a un grupo de desconocidos en el piso, tocar durante media hora y esperar a ver qué pasa cuando se levantan. Ya lo vio pasar muchas veces. Se abrazan, se quedan charlando, a veces hasta se hacen amigos. Y una vez más invitará al público a preguntarse cómo está la mente luego de esa experiencia.

Últimas Publicaciones