Un experimento de la NASA envió 132.000 semillas de tomate al espacio en 1984. Debido a fallas técnicas, regresaron en 1990. Científicos analizaron su germinación y estructura.
En 1984, la NASA envió al espacio un kit de 132.000 semillas de tomate como parte de la operación LDEF (Instalación de Exposición de Larga Duración). La misión debía durar un año, pero por problemas técnicos el material orgánico no pudo ser recuperado hasta 1990. Al regresar a la Tierra, los científicos analizaron el impacto de la exposición a la falta de gravedad y la radiación solar.
El experimento se originó en 1970, cuando la NASA puso en marcha la LDEF para obtener datos a largo plazo sobre el entorno espacial y sus efectos en sistemas y operaciones espaciales. Un año después, en el alunizaje del Apolo 14, el astronauta Stuart Roosa llevó un kit de semillas de árboles que luego distribuyó por el mundo y contribuyó a conocer si su estructura genética había sido dañada por permanecer en el vacío durante el aterrizaje.
El experimento
Después de 14 años, la agencia estadounidense impulsó el Experimento de Exposición Espacial Desarrollado para Estudiantes (SEEDS, por sus siglas en inglés) en colaboración con el Centro de Investigación Langley y la Compañía de Semillas George W. Park. Este consistía en enviar miles de semillas de tomates en la plataforma LDEF para corroborar si la radiación impedía la germinación.
Con el desastre del Challenger en 1986, se retrasó el regreso de las semillas a la Tierra, por lo que quedaron en órbita durante casi seis años. A su retorno, la NASA las repartió entre 3,3 millones de estudiantes de todo Estados Unidos, desde el jardín de infantes hasta la universidad. Sin saber que provenían del espacio, los jóvenes germinaron en las aulas de clases un lote del kit, mientras que el segundo lote permaneció en un almacén con temperatura controlada en la Tierra para controlar su desarrollo.
La conclusión
De acuerdo a los datos que recogieron los científicos tiempo después, las semillas espaciales germinaron a una tasa del 73,8 por ciento en comparación con el 70,3 por ciento de las semillas terrestres.
De ese modo, las semillas espaciales germinaron en un promedio de ocho días, mientras que las terrestres lo hicieron en 8,3 días. Un estudio universitario de laboratorio observó con microscopios las capas exteriores de ambos lotes y halló que las que habían sido expuestas a la radiación y el viento solar eran más porosas.
En un artículo de The Economist, señalaron en base a la investigación de la NASA que esa porosidad adicional pudo haber permitido que las semillas espaciales absorbieran nutrientes y humedad más fácilmente una vez plantadas, lo que podría explicar las tasas de germinación más rápidas y ligeramente más altas.
La mutación de las semillas fue en niveles muy bajos, inesperados para los parámetros que consideraban los científicos. La conclusión fue que resistieron a las condiciones ajenas a la Tierra de lo que mejoraron genéticamente.
Según un informe de la agencia espacial estadounidense, cerca de dos millones de semillas, que representan 120 variedades de plantas diferentes de 106 especies y 55 familias de plantas, viajaron a bordo de la misma instalación. Esas semillas se almacenaron en un contenedor sellado y dos contenedores ventilados más pequeños.
Respecto a ello, los investigadores descubrieron que las semillas en el contenedor sellado sobrevivieron mejor a la exposición espacial que las semillas almacenadas en las instalaciones de la compañía de semillas.
Gracias a este experimento, la NASA no solo hizo partícipes a los jóvenes de una investigación, sino que permitió conocer cuánto pueden afectar a los seres vivos la falta de gravedad y la exposición a la radiación y vientos solares por un periodo superior a un año.
