Alumnos de cuarto año de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Rosario asistieron a una exposición del director del Instituto Max Planck de Rosario, Claudio Fernández Outón, quien abordó mitos y evidencias científicas en el deporte.
Rosario cuenta con la posibilidad de brindar ciencia al servicio de la comunidad y al alcance de todos. Por eso ayer por la mañana, alumnos y alumnas de cuarto año de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se reunieron en las instalaciones del Xlab Rosario, dependiente del Instituto Max Planck de Rosario (MPLBioR), donde el director del establecimiento, Claudio Fernández Outón, brindó una charla para dar muestras de que el fútbol también posee ciencia.
Bajo el tópico «Fútbol-ciencia: la ciencia sale a la cancha», Fernández Outón explicó fundamentos y mitos que giran en torno a este deporte, tales como que «el goleador que viene de racha tiene que jugar sí o sí», «los partidos se ganan con la camiseta», «dos cabezazos en el área es gol», «los penales son una lotería» y «la pelota en la altura no dobla».
El científico afirmó que «la ciencia puede ganar mundiales dentro de las probabilidades estadísticas basadas en evidencia científica» y que se puede abordar la ciencia desde el fútbol, «que no está tabulado como ocurre en otros deportes».
Fernández Outón reveló que «el 87 por ciento de los jugadores consultados considera que si un goleador viene en racha tiene que jugar, más allá de que pueda estar lesionado. Sin embargo, estudios realizados en doce goleadores al cabo de 800 partidos arrojaron resultados antiintuitivos. Es decir, determinaron que la probabilidad de acierto es la misma así haya marcado goles o no en los encuentros anteriores».
También postuló respecto a la diferencia de la clase de goles a lo largo de 30 años, explicando el efecto Magnus, el famoso chanfle que caracterizó al brasileño Roberto Carlos en tiros libres. En ese marco, expuso la diferencia entre el peso de una pelota de tiento de los años 30 (aproximadamente un kilo) y las esferas termoselladas actuales (260 gramos), lo que permite un viboreo incontrolable para los arqueros.
Fernández Outón explicó científicamente la frase inaugurada por Daniel Passarella: «La pelota (en la altura) no dobla». Señaló que «la pelota no cambia su trayectoria producto de la densidad del aire, que es muy inferior con respecto al llano. De modo que la explicación es meramente ambiental tanto en La Paz (Bolivia) como en Quito (Ecuador)».
En cuanto a los mitos sobre el ácido láctico, el cientista aseguró que «hay un mito que gira en torno al ácido láctico como resultado de ese esfuerzo físico y muscular. Hoy sabemos que esa sustancia se elimina entre los 30 y 60 minutos y que el dolor viene por otra causa». Mencionó el método de recuperación basado en inmersiones de agua con hielo en bloques de aproximadamente 8 minutos, que «poseen un efecto analgésico para poder recuperar un músculo que se atrofia ante la ruptura de tejidos fibrilares, razón por la cual se inflama. Y por otra parte permite regular la presión arterial para promover la irrigación sanguínea y poder recuperar los tejidos de manera óptima».
Respecto a los penales, Fernández Outón preguntó «¿Por qué el arquero se arroja cuando ejecutan un penal?» y explicó que las estadísticas científicas indican que un 35 por ciento de las ejecuciones van hacia la derecha, una misma proporción a la izquierda y el 30 por ciento restante van hacia el medio. «Si el arquero se queda parado en el centro del arco tiene mayor posibilidad de efectividad en lugar de tirarse. Sin embargo, en el 94 por ciento de casos el arquero se arroja hacia un costado y en el 6 por ciento se queda parado en el centro», precisó.
Expuso que a una velocidad entre 90 y 104 kilómetros, la pelota tarda 3,5 décimas de segundo en recorrer los once metros que separan el punto penal de la línea de meta. «Prácticamente, el arquero no tiene chances de atajar el penal si la pelota va adentro del arco, pero si el ejecutor patea a colocar, aumentan las chances de atajarlo», indicó.
Abundó en que si ese arquero no atraviesa una situación de estrés, es capaz de atajar uno de cada cinco penales, es decir, un 20 por ciento. «Cuando uno analiza los penales ejecutados entre 1982 y 2010, las estadísticas dicen otra cosa: si el arquero no tiene necesidad imperiosa de atajarlo, en el 50 por ciento de los casos se arroja hacia la derecha y la otra mitad de las veces hacia la izquierda», comentó. Sin embargo, ante una situación bajo presión, el arquero tiende a arrojarse hacia la derecha en el 80 por ciento de los casos. «El ejecutante, si cuenta con esos datos, sabe que tiene un alto porcentaje de convertir el penal porque sabe que estadísticamente el arquero se jugará por la derecha. Eso se estudia, sobre todo en Inglaterra, Alemania y Francia, porque le damos el comando de nuestras habilidades al impulso instintivo, lo que se conoce como el sesgo biológico del cerebro humano, que se conoce como orientación hacia la derecha», fundamentó.
El Mundial de fútbol está a poco de comenzar y la ciencia también se prepara para salir a la cancha.
