miércoles, mayo 27, 2026

Descubren una cámara subterránea histórica en la Plaza 25 de Mayo de Rosario

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Durante las obras por el Tricentenario, se halló un antiguo tanque de combustible en el subsuelo. Especialistas explican cómo la infraestructura oculta narra la evolución sanitaria y urbana de la ciudad.

Existe una Rosario que se ve y otra que, desde el subsuelo, narra el pasado y garantiza la funcionalidad del presente. Es la ciudad de las redes de infraestructura; una Rosario que, lejos de ser mitológica, permite el crecimiento metropolitano y sostiene el curso de la modernidad. Mientras los símbolos —estatuas, monumentos y placas— se exhiben en la superficie, debajo de nuestros pies corre la verdadera ingeniería que define la historia urbana.

Durante las reformas realizadas en la Plaza 25 de Mayo —en el marco del Tricentenario de la ciudad—, las excavaciones dejaron al descubierto una cámara subterránea con un tanque de combustible frente al edificio de Correos. Tras ser estudiada, la estructura se preservó en el lugar, y hoy una tapa es visible sobre la vereda de la plaza.

El museólogo, arquitecto y arqueólogo Gustavo Fernetti explicó que el hallazgo, aunque curioso, refleja una época sin registros técnicos: “Está bajo la superficie porque no se debía ver, y ahora tampoco. Sabíamos que debajo de la plaza había instalaciones del Correo Central (ex Jefatura Política), pero no hay documentación que detalle por qué está ahí”. Se trata de un tanque de hierro remachado en óptimas condiciones, con caños adosados para carga y purgado. Junto a él, apareció una lata de alcohol de la marca Alcoluz, datada entre las décadas del ’30 y ’40.

“El problema de la infraestructura histórica es la falta de registros; recién en los años ’50 o ’60 aparecen planos precisos de las redes de agua y cloacas”, señaló el especialista. El arqueólogo indicó que en el centro empezaron a aparecer planos en la década del ’50 con líneas de colores donde se podía distinguir algunos caños. La arqueología urbana estudia lo encontrado para entender patrones de comportamiento de la sociedad.

Para la arqueología urbana, el estudio de las redes sanitarias es clave para entender la transición de Rosario de un entorno rural a uno moderno. Fernetti destaca cómo la ciudad fue abandonando los pozos ciegos para integrar cañerías. En barrios como Alberdi, el sistema original era mixto: recolectaba agua de lluvia y desechos cloacales. Sin embargo, la falta de sifones provocaba que los olores y el aire contaminado retornaran por las rejillas, lo que obligó a evolucionar hacia sistemas separados.

“El avance del gas y el agua potable permitió que los barrios periféricos se integraran a la ciudad en un sistema de igualdad sanitaria”, ratificó el arqueólogo. El paso del agua de pozo al suministro de agua de río —filtrada, depurada y clorada— representó un hito en la salud pública local. Sin embargo, el desafío persiste. Fernetti advierte sobre la contaminación actual de las napas por residuos agrícolas y microplásticos: “Hoy la infraestructura empieza a ser insuficiente y aparecen los filtros domésticos para reforzar la potabilidad”.

La importancia arqueológica reside en la evolución sanitaria. Un dato revelador de las excavaciones en plazas públicas es la ausencia de basura. A diferencia de los baldíos o veredas, las plazas se mantienen limpias de residuos históricos. “La plaza es tierra de todos, pero también una ‘tierra sagrada’. Hay un contrato social implícito: la gente no tira basura en las plazas”, explica Fernetti.

Además de su función cívica y monumental, estos espacios cumplían roles funcionales: en la época colonial, solían albergar pozos de agua comunitarios. Ejemplo de esto son los hallazgos en el Pasaje Juramento y el aljibe del Museo Estévez, diseñados para recolectar agua de lluvia en una Rosario donde el recurso era vital.

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