El fallecimiento del médico Alejandro Zalazar expuso una red de sustracción y uso indebido de anestésicos de uso hospitalario, en el marco de reuniones clandestinas conocidas como «Propo Fest».
La muerte del anestesista Alejandro «Alito» Zalazar puso en evidencia una trama de consumo y desvío de fármacos que involucra al ámbito médico. Zalazar, quien se desempeñaba tanto en el sector público como privado, se convirtió en una figura central para descubrir el fenómeno de las llamadas «fiestas del propofol», donde se utilizaban este anestésico y fentanilo.
El profesional se había formado como residente en el Hospital Rivadavia y trabajaba como médico de guardia en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Su trayectoria lo había llevado a colaborar con instituciones como la Fundación Favaloro, donde tenía programada una intervención quirúrgica el día de su fallecimiento.
La alarma se activó el 20 de febrero de 2026, cuando Zalazar dejó de responder llamados de su familia y no asistió a sus compromisos laborales. Al ingresar a su domicilio, personal del SAME constató su muerte. La autopsia determinó que la causa fue una congestión y edema pulmonar, producto de una mezcla letal de anestésicos.
La investigación encontró en su habitación frascos pertenecientes a lotes robados del Hospital Italiano, vinculando su muerte con una red organizada de sustracción de insumos médicos. El análisis de su teléfono celular reveló una participación activa en la organización, vía WhatsApp, de encuentros denominados «Propo Fest». En estas reuniones, Zalazar habría suministrado sustancias de uso exclusivamente hospitalario para inducir estados alterados de conciencia, ofreciendo estas experiencias a un círculo de conocidos.
La investigación continúa abierta para determinar el alcance total de la red de desvío de estupefacientes en la que estaba involucrado, un caso que derivó de una muerte inicialmente dudosa a un escándalo que involucra el uso indebido de drogas diseñadas para salvar vidas.
