martes, marzo 17, 2026

Geonnitus, una obra para alertar sobre los ruidos y los temblores que se producen cuando perforan y explotan la Tierra

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El Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), en coproducción con Eco Eco, abre la temporada 2026 con Geonnitus, una obra escénica híbrida que articula formas del concierto, la instalación y el dispositivo audiovisual en una única maquinaria performativa. La obra, que nació con la idea y coordinación de Marina Aizen y Pablo Schanton (Proyecto Eco Eco, iniciativa de Periodistas por el planeta), cuenta con la realización de Javier Areal Vélez, Cecilia Castro, Florencia Curci, Julián D’Angiolillo y Leonello Zambon, y con la colaboración artística de Carlos Lescano y Rodolfo Marqués.

Geonnitus es un neologismo ideado por Leonello Zambon -combina “geo”, tierra, y “tinnitus”, el fantasma de un sonido que ya no está pero persiste en los oídos– sobre los ruidos que aturden a la tierra: el tinnitus del que padece nuestro planeta. Ese ruido y esos temblores que se producen cuando la explotan, perforan y la presionan para extraer petróleo y gas mediante el fracking.

La obra se estrenó en el Festival Ruido (2024), en Vila Lynch, y ahora aterriza en la Ciudad de Buenos Aires tras un laboratorio de escucha situada en Vaca Muerta.

En esta nueva versión, la obra despliega un ecosistema industrial donde un quinteto de vientos y percusión se integran a una arquitectura de andamios. La estructura opera como un órgano neumático vivo, activado por motores, vibraciones, proyecciones y el ciclo hipnótico de pelopinchos en loop, reconfigurando los ensamblajes sonoros del extractivismo.

Cómo sigue la programación 2026

La temporada 2026 del Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) abandona la rigidez de los géneros para abrazar la transdisciplinariedad, con un foco muy marcado en la identidad, la memoria física y la integración tecnológica.

Mi contundente situación de Diana Szeinblum (abril) propone transformar el contacto físico real entre padres, hijos y hermanos en materia coreográfica. Es un gesto de una honestidad radical, en un mundo digitalizado, poner el foco en el «cuidado» y lo «inseparable» sitúa a la danza como un refugio político y afectivo.

Danza y artes escénicas, la pieza de Florencia Werchowsky (septiembre), encargo del CETC, es otro de los aciertos: un coro se une a bailarines contemporáneos con el Ballet Estable del Colón. Este diálogo rompe la «muralla» entre el cuerpo académico y el experimental, bajo la potente música de Michael Gordon.

Otro encargo del CETC, Las ruinas de Juan Onofri Barbato (Octubre) propone una operación fascinante: usar figuras relevantes de la danza del silgo XX como Antonia Mercé y Kazuo Ohno para diseccionar la «identidad argentina» en una ópera experimental que viaja hasta el año 2050, con dramaturgia de Laura Sbadar y música original de Ailin Grad.

En sintonía con las búsquedas actuales que entienden a la «vocalidad» como un territorio de hibridación, donde el cruce entre la prosodia, el plano musical y el despliegue espacial permite que la voz actúe como una extensión del cuerpo y el paisaje, se inscribe la propuesta de Ciro Zorzoli, A orillas de sí misma (julio). La obra, gestada inicialmente en el Laboratorio de Creación del Cervantes, está basada en la novela Arroyo de Susana Pampín, la voz hablada -en su oscilación entre lo solista y lo coral- deja de ser puramente narrativa para transformarse en un fenómeno fenomenológico que reconstruye el ambiente del Delta. En Coproducción entre el CETC y el Club Paraíso, la obra contará con la dramaturgia de Marcelo Katz, Verónica Grande y Ciro Zorzoli.

El CETC reafirma su rol como laboratorio de nuevas tecnologías, integrando la inteligencia artificial y el sonido inmersivo. La presencia de Alexander Schubert (junio) es, quizás, el punto más alto en términos de vanguardia técnica. No sólo por el estreno de sus obras, sino por el workshop de IA aplicada a la música, posicionando al CETC como un nodo de pensamiento sobre el futuro de la creación.

Por otro lado, la escucha tiene su curaduría en el ciclo Escuchas Musicales Performáticas (mayo) con Artlab devuelve al sonido su carácter de ritual colectivo. El uso de los legendarios altavoces Altec A7 transforma la audición en un evento físico y espacial.

La temporada rinde tributo a dos pilares de la modernidad musical a través de sus centenarios: por un lado, el homenaje al húngaro György Kurtág con un concierto celebratorio a dos pianos interpretado por las prestigiosas Helena Bugallo y Haydée Schvartz; por otro, El Cimarrón, obra fundamental de Hans Werner Henze. Definida por el propio autor no como ópera, sino como una “biografía sonora”, esta pieza de 1970 condensa el eclecticismo y el compromiso político de Henze al reconstruir la vida de Esteban Montejo, esclavo fugitivo cubano.

Bajo la puesta espacial de Ignacio González Cano y la dirección de arte de Matías Otálora, esta producción recupera la potencia experimental de un teatro musical que sigue interpelando el presente desde su cruda lírica contemporánea.

El CETC vuelve a alojar, curar y coproducir por segundo año consecutivo una fecha del Festival Mutek (octubre), integrando la cultura del live set y el arte digital al rigor de la experimentación teatral.

Y también vuelve a abrirse como especio abierto al debate intelectual y afianzando la alianza con el Instituto Francés, La noche de las Ideas (mayo) volverá a suceder en nuestro Teatro Colón por segundo año consecutivo. El tema de esta décima edición argentina es “Abrir el camino”. En este marco, se realizarán diversas conferencias con invitados especiales, debates, instalaciones y espectáculos.

La dimensión internacional de la agenda se fortalece con la llegada del prestigioso Dúo Dillon-Torquati (junio). En una coproducción con el Instituto Italiano de Cultura, el dúo de cello y piano presentará dos conciertos que funcionan como un puente temporal: una curaduría que combina el rigor del repertorio clásico con la complejidad de la música contemporánea. Esta visita refuerza la identidad del Centro como un espacio de fricción donde el pasado y el presente se encuentran para ser reexaminados bajo una nueva luz acústica.

La temporada cierra en noviembre y se atreve con formatos que exigen una entrega total del espectador. La maratón escénica: La Tempestad (noviembre), dirigida por Martín Bauer, es el gran desafío logístico y artístico: 24 horas ininterrumpidas de función. Con Luis Ziembrowski como Próspero, la obra borra los límites entre la ficción y la resistencia física del espectador y el actor.

Ficha

Geonnitus

Creación y dirección: Javier Areal Vélez, Cecilia Castro, Florencia Curci, Julián D’Angiolillo y Leonello Zambon Colaboración artística: Carlos Lescano y Rodolfo Marqués Idea y coordinación (Eco Eco): Marina Aizen y Pablo Schanton Producción ejecutiva: Daniel Borrelli Azara. Producción: Lucía Hourest Arquitectura y maquinaria: Leonello Zambon, Rodolfo Marqués y Carlos Lescano Diseño sonoro: Florencia Curci Electrónica y control numérico: Carlos Lescano Iluminación: Facundo Estol Música: Cecilia Castro Órgano de tubos y fluidos: Rodolfo Marqués Vibraciones parásitas y noise: Javier Areal Vélez Video / Cámara y edición: Julián D’Angiolillo Colorista: Lucila Kesselman Diseño gráfico: Emmanuel Orezzo Ensamble: trombón bajo y dirección de ensamble, Juana Zapata; ornos: Sofía Isabel Riera y Ariel Moglia Flaschka; trombón: Eduardo Ampuero; tuba: Esteban Barolin; percusión: Nicolás de la Puente; Percusión suplente: Dan Hakim Montaje de estructura: Sindicato Involuntario (Carlos Lescano, Dai Perséfone Miauro, Dante Vaccaro Arakaki, Leonello Zambon) Rodolfo Marqués, Santiago Mezzadra Registro audiovisual en Buenos Aires: Dirección y cámara, Julián D’Angiolillo; Asistencia de dirección y cámara; Mic Ritacco Sonido directo subterráneo, Nicolás Cecinini

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