domingo, marzo 15, 2026

Arroyito: el barrio que late y respira alrededor del fútbol

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En Arroyito, el diminuto contrasta con la pasión. Es un barrio “que late y respira alrededor del fútbol”, dicen los vecinos en veredas con columnas de franjas amarillas y azules. Pero no es sólo el deporte que lo llevó a ser sede del Mundial 1978, es la cultura popular que lo identifica y que habla desde las frases en sus tapiales, la inevitable referencia a los días de cancha en las conversaciones, las fotografías de cracks auriazules y camisetas en los comercios y hasta los banderines de adorno que cuelgan en las esquinas y sólo tienen los colores que aman.

Entre la avenida Alberdi y el río Paraná, con la desembocadura del arroyo Ludueña al norte, cauce que supo dar más de un sobresalto al lugar, el barrio que se llama Lisandro de la Torre, nominación que nunca pudo superar al apodo de Arroyito, tiene varios sitios relevantes. El extenso, verde y cuidado parque Alem, con su complejo de piletas, el Centro Científico Educativo y Tecnológico Acuario del Rio Paraná, que celebró su octavo aniversario, la planta potabilizadora de Aguas Santafesinas y la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Además de clubes y comercios ad hoc a su geografía: la náutica.

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“Avellaneda era un bulevar de casas bajas y hoy ya tiene como 14 nuevos edificios”, dicen los vecinos para dar cuenta de una metamorfosis común a los barrios de los distintos anillos perimetrales al área central. Pero eso los satisface. Inyecta movimiento y cambio generacional en una zona con prevalencia de personas mayores, que hicieron del lugar “un barrio de trabajo”, señala Edgardo Ruiz, y repasa las industrias que lo sostuvieron: cervecería, arrocera, elaboración de aceite Patito y fábrica de envases de hojalata, entre otras. Además de un bullicioso mercado donde “hasta vendían gallinas”, una estación de trenes y un estadio de box.

Paseo comercial en alza   

Arroyito está viendo florecer su paseo comercial, sobre Avellaneda, donde, cuentan, lo hermosas que le quedan a ese bulevar las guirnaldas de luces al caer la tarde. “Todo el que vive en Arroyito se fanatiza con el lugar, porque es un barrio, barrio; la mayoría de los vecinos nos conocemos y hasta pasadas las generaciones se generan parentescos, al final es una comunidad”, dice el flamante presidente del Paseo Arroyito Río, Marcos Moscato. Y destaca el crecimiento de la zona en el último tiempo: “Rosario empuja a crecer para este lado, todos se quieren venir a vivir acá, la ciudad se acerca a Arroyito”.

“El barrio creció en calidad edilicia y comercial, el bulevar está creciendo y eso es lo que más nos gusta, si bien no es un centro comercial tan marcado, es más bien extenso, y la llegada de edificios, y lindos, hace que haya más población y eso alimenta a la carnicería, al kiosco, a la panadería, y hace que haya más bares”, explica.

“Así como en otros barrios hay recitales, acá tenemos un evento cada quince días, y de mucha magnitud. Cuando juega Central de local, el barrio se transforma, el partido también alimenta un movimiento; es imposible pensar este barrio sin poner a Rosario Central como un eje, el otro eje es el río”, explica, al frente de la empresa familiar de neumáticos, que nació como gomerÍa en 1979 con una cubierta colgando de un árbol.

La pasión  

“Estamos armando un corredor gastronómico en bulevar Avellaneda, con Olgasana, Ribereño, Rosarigasino, entre otros locales. Cada vez hay más opciones que reciben mucha gente del barrio que puede cenar tranquila y volver caminando, sin tener que pasar por una alcoholemia”, explica el empresario gastronómico Carlos Comi, al frente del comedor fonda, El Gran Centralito y Centralito DE Pizzas (delivery). En sus locales ser respira el barrio como hecho cultural. Las paredes devuelven sentido a través de imágenes de cantantes, cine, viejos programas televisivos. “Arroyito tiene una identidad social, cultural y gastronómica que gira alrededor del mundo Central”, enfatiza.

El reclamo   

Guillermo lleva cuarenta años en Arroyito al frente de un comercio al que, para llegar cada mañana, debe sortear un obstáculo por el que reclama desde hace años, sin respuesta, a pesar de que la solución, en su opinión, es simple. “Hay un cantero en bulevar Avellaneda al 1.000 bis que entorpece, interrumpe, el cruce con la calle PedroTuella, en su trayectoria sur a norte al querer desembocar naturalmente en avenida Génova al 700”, señala in situ frente al nudo que forma el cantero y las vías de circulación. Esta vez espera solución.

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