sábado, febrero 14, 2026

La buena noticia de Cavani en la previa a su cumpleaños

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El 14 de febrero no es un día cualquiera. Mientras el calendario marca el Día de los Enamorados, Edinson Cavani cumple 39 años y vuelve a concentrar. Una coincidencia que, en su caso, no suena forzada: el Matador necesita volver a enamorarse del fútbol. Y también, claro, volver a enamorar a los hinchas.

Después de casi tres meses parado por una lumbalgia rebelde —que incluso requirió un bloqueo con inyecciones epidurales para calmar el dolor— el 10 de Boca empieza a ver la luz. No juega un partido oficial desde el 30 de noviembre, cuando sumó media hora ante Argentinos por los cuartos del Clausura. Aquella noche fue la última vez que pisó una cancha en serio. Después vino el episodio frente a Racing: estaba en el banco, listo para entrar, pero la molestia volvió a frenarlo cuando el cuerpo técnico evaluaba mandarlo al campo.

Desde entonces, el tiempo pasó. El torneo avanzó. La Copa Libertadores asoma en el horizonte. Y Cavani miró casi todo desde afuera. En 2025, su producción quedó lejos de lo esperado: poco fútbol, apenas siete titularidades desde aquel Mundial de Clubes en el que ya arrastraba dolores, y entrenamientos mayormente diferenciados. No marca un gol desde el 16 de noviembre, cuando convirtió de penal ante Tigre. Para un delantero que vive del grito, esa sequía también pesa.

Por eso el regreso a la lista ante Platense tiene un valor simbólico enorme. No es sólo una convocatoria. Es una señal. Este jueves fue parte del equipo suplente en la práctica formal: Brey; Weigandt, Figal, Pellegrino, Zampieri; Belmonte, Delgado; Zenón, Palacios, Janson; y Cavani. Su segunda práctica de fútbol consecutiva. Ritmo, roce, movimientos. Argumentos concretos para pensar en el banco y en los primeros minutos del año.

“Qué ganas de estar”, había escrito hace semanas en sus redes. Antes, otra frase lo había definido: “Sin calma pero sin prisa”. La bajó después, pero el concepto quedó flotando. Porque si algo entendió a los 39 es que la ansiedad no ayuda, aunque el reloj apure. El contrato con Boca vence en diciembre y todo indica que puede ser su último año como profesional. El margen es corto. El deseo, inmenso.

Está en deuda. Él lo sabe mejor que nadie. No necesita que se lo recuerden. El hincha espera más de su jerarquía, de su apellido, de esa historia que lo llevó a competir en la elite europea durante más de una década. Pero Cavani no volvió a Sudamérica para transitar. Volvió para competir. Y competir, para él, es sentirse jugador.

El dolor de espalda lo dejó al margen demasiado tiempo. El bloqueo epidural fue el intento médico por apagar el fuego interno que no lo dejaba entrenar con normalidad. Infiltraciones de antiinflamatorios y anestésicos cerca de la médula para contener una molestia que condicionaba cada movimiento. No era sólo el partido: era el día a día. Por eso, volver a hacer fútbol seguido es más que una buena noticia. Es una liberación.

En el Día de los Enamorados, Cavani cumple años intentando recuperar esa relación intensa con la pelota. Necesita volver a correr al primer palo, a tirarse en plancha, a presionar como si tuviera 25. Necesita sentir el murmullo previo al ingreso, el aplauso que mezcla expectativa y exigencia. Y Boca necesita que su 10 vuelva a ser amenaza.

No será inmediato. Tal vez le cueste encontrar ritmo. Tal vez los primeros minutos sean más de adaptación que de impacto. Pero el paso está dado. Después de tres meses, concentrar otra vez es avanzar. Es decir presente. Es mirarse al espejo y reconocerse futbolista.

El Matador cumple 39 y no se resigna. Sabe que el final está más cerca que el comienzo, pero también que cada oportunidad puede ser la última gran historia. En un 14 de febrero cargado de simbolismo, Cavani vuelve a escena con una misión clara: reencontrarse con su mejor versión y volver a enamorar a la Bombonera.

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