sábado, octubre 24, 2026

De una cama de hospital al concierto de BTS: la historia de Lucía Brandana

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Lucía Brandana, de 31 años, emprendió con la venta de sándwiches para costear una entrada al concierto de BTS en Buenos Aires. La experiencia, según relató, se entrelaza con un proceso de fe y un diagnóstico de autismo de grado uno.

Lucía Brandana, de 31 años, comenzó en enero de este año un emprendimiento de venta de sándwiches con el objetivo de reunir el dinero necesario para asistir al concierto de la banda surcoreana BTS en Buenos Aires. Según relató, trabajó durante meses caminando varios kilómetros diarios para vender, exponiéndose a distintas condiciones climáticas.

“En enero anuncian el tour y veo que el show es en Buenos Aires. Se me ocurrió hacer sándwiches de miga, aunque yo nunca había emprendido con comida, tenía un emprendimiento de ropa. El primer día que salí a vender fui por mi barrio y no vendí nada. Me volví a mi casa, me saturé porque me afectó, me largué a llorar un montón y dije: ‘No, yo tengo que volver a salir hoy, porque si no pierdo los sándwiches, se van a poner feos’. Así que agarré, fui para el Parque España y vendí todo en 40 minutos”, declaró.

La emprendedora conoció a la banda en 2020, período que describió como complejo por la pandemia y por una lucha personal contra la depresión. “Es una banda que habla mucho de resiliencia, trabajo en equipo, perseguir tus sueños, cuestionarte el sistema en el que vivimos, qué es lo que vos realmente querés ser. Eso me hizo sentir acompañada en algo mucho más profundo. El 2020 fue uno de los años más difíciles de mi vida, quedé en coma por intento de suicidio, fue un quiebre. Después viví una situación de violencia intrafamiliar más cerca de fin de año. Fueron muchas cosas que se fueron acumulando, que me fueron socavando por dentro. BTS me acompañó durante todo eso porque yo sentía que no tenía nada ni a nadie, estuve muy sola. Me había quedado sin amigos y me había peleado con toda mi familia”, sostuvo.

En 2022, según su relato, su entonces pareja le presentó la fe en Jesucristo. A partir de ese momento, afirmó, comenzó un proceso de cambios personales. “Literalmente sentí que el ambiente espiritual en mi casa había cambiado, empecé a sentir que algo se estaba destapando. Empecé a sacar mucho trauma afuera, a partir de ahí empiezo a leer la Biblia todos los días. No me congregaba a ningún lado. Es más, yo salí a buscar ayuda para que me orienten. De a poco, mi vida se fue ordenando a partir de Cristo y pude aprender a perdonar. Cuando parpadeo, había pasado ya un año y medio y empecé a recuperar vínculo con mi familia”, expresó.

Consultada sobre la relación entre su afición musical y su espiritualidad, Lucía manifestó: “Cuando conocí a Jesús entendí que no me había salvado la música de la banda, sino que era Dios que me salió al encuentro desde donde me sentí cómoda, desde donde mi atención estaba puesta. Sentí el abrazo de Dios a través de la música de BTS”.

Respecto de la meta de asistir al concierto, indicó que adquirió una entrada VIP por 1.560.000 pesos. “Yo sabía que Argentina iba a tener uno de los VIPs más caros, 1.560.000 pesos pagué de entrada, lo pagué sin dolor, fue como: ‘Yo sé que a esto vine, trabajé por esto todo el verano’. Me esforcé mucho para poder pagar el soundcheck, mi sueño es que BTS vea mi cartel”, afirmó.

En 2023, a los 28 años, Lucía consultó a una profesional que le diagnosticó autismo de grado uno y altas capacidades cognitivas. “En ese punto pensaba: ‘¿Cómo voy a hacer para mantenerme sola? ¿Voy a vivir de mis padres toda la vida?’. En 2023, a los 28 años, fui a una profesional, me entrevistó y me dijo que tenía autismo de grado uno, que es el famoso Asperger y altas capacidades cognitivas. Tengo pendiente la confirmación de TDAH, se llama triple excepcionalidad. Ahí entendí por qué yo, a pesar de ponerle tanto esfuerzo, voluntad y buena onda, nunca podía sostener un trabajo”, relató.

Sobre el impacto del diagnóstico, agregó: “Durante muchos meses, después de la confirmación, me sentí con la autoestima muy baja, es el tipo de noticias que te cambia la vida porque sabes que no se puede deshacer. Se llama neurodivergencia, mi cerebro tiene una estructura diferente, funciona diferente. Puedo hacer lo mismo que hacen los demás, pero de otra manera, con otros tiempos y el mercado laboral no se adapta a los tiempos de mi cerebro”.

Según su testimonio, dentro de su cuadro de neurodivergencia experimenta disejecutividad, lo que dificulta la organización y concreción de proyectos. Tras adquirir la entrada, pausó la venta callejera para descansar y se abocó a la planificación del viaje.

A mediados de 2025, comenzó a realizar transmisiones en vivo en TikTok. Indicó que su cuenta pasó de 50 seguidores a superar los 31.000. “Nunca quise ser famosa, pero siempre supe que iba a ser conocida, no sabía cómo ni cuándo. Después de conocer a Cristo, estando en un lugar sano, estable y sin buscar validación, decidí empezar a exponerme en redes sociales”, dijo.

En enero de este año, su historia se viralizó en Instagram. A partir de esa repercusión, una agencia de turismo la contactó en la vía pública y le ofreció sumarse al viaje hacia Buenos Aires. “Ahora coordino un contingente de gente. Voy una semana a Buenos Aires y está todo cubierto por la agencia de turismo con la que trabajé para hacer el paquete de viaje. No pagué nada, me lo pagó Dios”, afirmó.

En cuanto a la monetización de sus redes, Lucía señaló que no cobra por las colaboraciones. “Yo no hago plata en las redes, no sé cómo lo viven los demás creadores de contenido. A mí empezaron a llover canjes, de otros emprendedores, pero no cobro nada. Para mí, ya es una bendición que me den algo. Mirá si no voy a mostrar tu emprendimiento en mis redes, si a mí Dios me bendijo con esta audiencia”, expresó.

Pese a haber alcanzado la meta del concierto, confirmó que continuará con la venta de sándwiches. “Voy a seguir vendiendo sándwiches cuando vuelva del concierto, porque gracias a Dios, ahora tengo esta bendición de un trabajo. No es fijo el ingreso, yo vivo sola en la casa de mi familia de toda la vida, no alquilo. Si quisiera irme a vivir a mi propio lugar y alquilar, no podría ni comer con el emprendimiento. Este trabajo me ayuda a pagar cosas para mis gastos, pero si mis papás no me ayudaran por mes, no sé qué hago. Con el emprendimiento gestiono mi tiempo, es una bendición enorme. A mí me gusta laburar así porque miro los árboles, respiro, si necesito hacer una pausa, la hago, me gusta conocer gente y así me pasaron cosas re locas”, manifestó.

Finalmente, sobre la visibilidad que alcanzó, sostuvo: “Lo que ven en las redes, no es un personaje, yo soy así. Eso a la gente le copó. Recibí mucho apoyo que siento que me queda grande, a veces siento que no lo merezco, por eso sé que es Dios. Es una responsabilidad muy grande, si tenés mucha gente bancándote, tenés que ser ejemplar. Creo que si terminaste en un lugar de visibilidad, si tenés moral, tenés que saber que tu vida está dando un ejemplo y no podés lavarte las manos”.

Al mirar en perspectiva, Lucía concluyó: “Haberlo logrado a mí me representa en lo personal algo enorme, pasé de estar en una cama de hospital por haber intentado quitarme la vida a estar llena de vida, a haber perdonado, y a tener buena relación con mi familia. Siento que Dios me está abriendo puertas re grandes, aparecen todo el tiempo recursos para todo lo que voy necesitando. No lo vivo desde el fanatismo, lo vivo desde un llamado. De verdad, siento que quiero compartir la palabra de Dios porque fue lo que me salvó”.

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