La obra escrita por Mariano Saba y dirigida por Lorena Vega se presentará el sábado 15 de agosto a las 20.30 en el Teatro del Centro Cultural Parque España de Rosario.
Buenos Aires, 1792. Arde el teatro de la Ranchería, el llamado primer teatro de la Argentina, bajo el dominio virreinal. Dos damas huyen de las llamas y pierden el rumbo. Añoran la urbanidad europea que les fuera legada por sus padres hispanos. Pero la impostura declina: toda tragedia esconde una traición y la verdad les pisa los talones. Esa es la premisa de “Civilización”, la obra escrita por Mariano Saba y dirigida por Lorena Vega, que este fin de semana se podrá ver por primera vez en Rosario.
La cita es el sábado 15 de agosto, a las 20.30, en el Teatro del Centro Cultural Parque España (Sarmiento y el río). Las entradas están a la venta a través de la plataforma 1000Tickets y en la boletería del CCPE (de lunes a viernes de 9 a 15, y jueves, viernes y sábados de 15 a 19). Suscriptores de Tarjeta de Beneficios La Capital tienen 10% de descuento y acceso a sorteos exclusivos. También hay precios especiales para jubilados y estudiantes.
La obra fue estrenada en el año 2020 como producción especial del Teatro Nacional Cervantes en plena pandemia, con las actuaciones de Julieta Brito, Pablo Fusco, Andrea Nussembaum, María Inés Sancerni y Mariano Sayavedra. Su primera puesta fue filmada y distribuida en formato audiovisual en la web de la institución, y tuvo apenas dos funciones con público al aire libre en la explanada de la Biblioteca Nacional en Buenos Aires.
En 2024, el contexto de crecientes ataques a la cultura y sus trabajadores por parte del gobierno nacional, reavivó la chispa de quienes habían hecho “Civilización”. Había que volver a encender las llamas: un teatro prendido fuego como metáfora inequívoca de la situación actual. Además, la obra se sitúa en los albores de la Nación argentina, en el centro de la disputa por la identidad de un pueblo que de a poco construía algo propio y común más allá de la imposición colonial.
Desde aquel 2020, Lorena Vega, actriz, directora y dramaturga de extensa trayectoria en el teatro independiente, se convirtió en una de las actrices del momento gracias a sus destacados papeles en series populares como “Envidiosa” o “En el barro”. En medio de esa vorágine, Lorena nunca dejó de protagonizar y/o dirigir varias obras a la vez, entre las cuales se cuentan “Las cautivas”, “La vida extraordinaria”, “Yo, Encarnación Ezcurra”, y más recientemente “Sottovoce”. También fue la voz narradora de «Novela», el anteúltimo disco de Fito Páez.
Antes de la visita de “Civilización” a Rosario, Vega dialogó con La Capital sobre el proceso de armado de la obra y de la sinergia entre los roles de directora y actriz.
¿Cómo fue el recorrido de la obra entre aquel primer estreno en pandemia y esta nueva puesta?
“Fue interesante cuando la hicimos por primera vez. Primero, fue para nosotros una bocanada de aire fresco y sano de nuevo, porque estábamos todos encerrados, y fue parte de un plan que organizó el Teatro Cervantes con la idea justamente de reactivar el trabajo y de darle trabajo a la gente de las escénicas que estábamos encerrados y sin poder hacer todas las actividades que necesitan del encuentro comunitario. La verdad que ya eso fue alucinante y tenía mucho sentido sea cual sea el material, pero resulta que el material era buenísimo. Esta obra que escribió Mariano Saba surge de un dato real que es el incendio del Teatro La Ranchería, que se dice que es el primer teatro de nuestro país, y lo juega con mucho humor. La experiencia fue tan buena que no solo la hicimos para el audiovisual que está subido desde ese momento en la web del Cervantes, sino que después hicimos dos funciones en vivo en la explanada de la Biblioteca Nacional. Ahí pudimos comprobar con el público que la propuesta de la obra y el humor que habíamos jugado llegaba, gustaba y era muy festejado. Y siempre quedó la idea de en algún momento volver a hacerla. Pero la verdad es que tanto Andrea Nussbaum como Mariene Sancerni, actrices de la obra, fueron las que insistieron en que había que volver.”
Todo el tiempo el gran tema es que yo tengo poco tiempo por la cantidad de cosas que hago, pero ellas que además de ser grandes actrices son mis amigas, me insistieron y me hablaron mucho de que les parecía importante hacer un material así en este momento del país. Y tenían razón. Entonces, nos pusimos en acción y la montamos a contrarreloj a fines del 2024. Mariano escribió más escenas, o sea que lo que se ve en el video al que la gente pueda acceder, no es exactamente la obra que estamos haciendo ahora. Tiene una puesta distinta, más cruda, como en unos colores hueso. A mí me inspiró mucho el paisaje de Epecuén, porque me gustaba la idea de jugar con una tierra arrasada. La hipótesis del incendio de La Ranchería en la obra es una pregunta sobre si fue intencional o accidental, y si fue intencional jugar un poco con esta metáfora del ataque a la cultura. Lo interesante es que está contada en clave de humor, un humor ácido, super profundo que empieza como elegante y se va rompiendo a lo largo de la obra, cada es más guarro, más bizarro y siempre haciendo algún guiño a la realidad.”
La disputa por la identidad argentina
El debate sobre la identidad nacional, la soberanía y la importancia de la cultura en esa ecuación está muy vigente.
“Justo la hora viaja Rosario en un contexto en el que la identidad es un tema de agenda, que me parece que obviamente apareció con el mundial y dejó como un coletazo muy fuerte que todavía está presente, cosa que celebro porque para mí es un tema vigente siempre. Pero me parece que las discusiones son sobre la identidad en nuestro país y a eso nuestra producción cultural no le escapa nunca. Esta obra lo trata muy directamente. La centralidad del relato es el encuentro de estos mundos, los desterrados europeos que vienen acá con una promesa de encontrar un mundo mejor y terminan trabajando en pésimas condiciones, la idea de que quien se va tiene el corazón repartido, las ilusiones de quienes están acá y creen que allá es mejor. Toda esa discusión que somos y que viene de nuestros orígenes, es un tema que no tiene fin porque nos constituye muchísimo y genera también gran parte de los conflictos que tenemos hoy en día.”
¿Cómo fue el trabajo con el elenco para encontrar ese tono que es tan importante en el texto?
“Sí, era muy importante encontrar el punto justo. Cuando ves la obra, para mí tiene una unidad y una coherencia que creo que es lo que la hace tan querida por el público. Encontramos un lenguaje. Pero en la búsqueda probamos más arriba, más abajo, y yo sé los riesgos que tiene hasta que le encontrás el punto. Es como encontrarle la nota a la canción, no es tan sencillo. Dos frases de más y perdés el impacto de la perforación que tenés que generar. Entonces, es muy complejo. Por supuesto que tener un texto tan bien escrito ordena mucho, y en ese sentido creo que el camino no fue tan largo como podría haber sido si no hubiésemos tenido la solidez de la dramaturgia de Mariano Saba. Para mí fue clave el elenco. Me acuerdo que cuando fui convocada por el Cervantes, era un momento donde era muy importante salir a trabajar, todos necesitábamos trabajo, y las posibilidades eran muchas porque hay una riqueza actoral en nuestro país muy enorme. Cuando pensás un elenco no sabés con quién quedarte. Yo sabía que lo que necesitaba era armar un equipo donde hubiese un factor común de lenguaje, como que sean un poco del mismo pueblo. Porque a veces que no sean del mismo pueblo, en términos estéticos, puede sumar, puede ser la fricción que necesitás. Yo creo que eso pasa en “Sottovoce”, por ejemplo, que es otra obra que hago acá. En ese elenco donde están Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Miras, mi participación encarna un rol que es la que viene de Wilde y se suma a este trío que son como unos familiares de una clase media acomodada que se está cayendo pero conocen un buen pasar. Y esa fricción funciona dentro y fuera de la ficción. Pero para esta obra convenía tener un equipo donde todos vinieran del mismo tipo de trabajo teatral, y así se armó muy rápido el lenguaje común.”
¿Qué sentís que te aporta el hecho de ocupar un rol de dirección en uno o más proyectos mientras actuás en otros, que es algo que hiciste siempre?
“Siempre dirigir y actuar me aporta un montón porque me permite poder tener un conocimiento de lo que implica un material visto desde fuera y no de siempre desde la escena. Creo que a veces me ayuda a que cuando estoy actuando y ensayando una obra poder entender o tener más paciencia en relación a que hay cosas que pueden estar funcionando para la mirada de afuera sin que uno sienta que adentro esté ocurriendo lo que una espera que debería ocurrir. Hay algo de aprender a confiar en eso que se propone desde afuera. Son muchas las cosas que aporta estar en un lado y el otro. A su vez, cuando como directora le pedís al elenco probar algo en escena, conocer cómo se escuchan las indicaciones me hace afinar la forma de decirlas también. Porque sé lo que significa estar del lado en el que se recibe esa información. Todo me nutre un montón para ir encontrando herramientas para trabajar un rol y el otro. Este es un trabajo muy complejo que cuando corres el riesgo de pensar lo entendiste, te das cuenta que no entendiste nada. Es un material muy delicado, nunca está garantizado nada. Eso también lo hace atractivo. Es como el amor, que decís «esto está buenísimo, pero no sé si mañana voy a estar en el mismo lugar, no sé si mañana me despierto y esto se termina”. Es un poco así, tiene algo muy encendido, muy vivo, y también tiene mucho peligro, mucha posibilidad de convertirse rápidamente en otra cosa.”
