sábado, julio 4, 2026

Se reconfigura el mapa de narcomenudeo en Villa Banana

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El asesinato del policía Rodolfo Manfredi en Villa Banana expuso a una banda barrial dedicada al narcomenudeo. La Fiscalía federal imputó a miembros de la familia Muñoz como autores del ataque y por comercialización de estupefacientes.

El asesinato del policía Rodolfo Manfredi en Villa Banana expuso a una banda barrial dedicada al narcomenudeo en ese sector de la zona oeste de Rosario. La Fiscalía federal imputó a miembros de la familia Muñoz como autores del ataque y por comercialización de estupefacientes. La historia reciente marca que en los últimos diez años, a pesar de reiteradas detenciones, los nombres cambian pero el negocio de las drogas continúa.

Los Muñoz son la nueva cara visible de un entramado que se sostiene desde hace más de una década. En el barrio afirman que históricamente comandó el clan Saravia, ligado a Ariel Máximo «Viejo» Cantero, incluso a pesar de sucesivas condenas por narcotráfico. Sin embargo, siempre tuvo segundas líneas, o competencias, que ganaron espacio en las crónicas policiales por hechos violentos que terminaron exponiéndolos y llevándolos tras las rejas.

El negocio continúa. La precariedad de algunos sectores del barrio, todavía signados por pasillos y la falta de urbanización, generan el terreno propicio para un fenómeno que con los años mutó del búnker cerrado a la venta callejera pero siempre con su esencia ligada a la violencia como herramienta de control territorial.

Así como ahora los Muñoz fueron expuestos públicamente, la historia se repitió con otros jugadores del segmento más visible del mundo narco: Pandu, Wititi, Junior, Facu Montana, Julián Zanier, Leo Rey y su padre el Sapo Saravia. Todos presos y uno muerto por escalar en dinámicas violentas como homicidios, balaceras, extorsiones y usurpaciones que terminaron exponiéndolos.

Pandu, derribos y violencia

Mucho antes de que se aprobara en la provincia de Santa Fe la ley de desfederalización del narcomenudeo, que incluyó el cese de estado antijurídico para permitir legalmente el derribo de puntos de venta de drogas, en Villa Banana los vecinos tumbaron a mazazos los primeros búnkeres. En diciembre de 2012 convirtieron en ruinas una casilla ubicada sobre las vías, entre Gutenberg y Felipe Moré al 2700, donde tiempo después construyeron un centro comunitario junto a una organización social.

En febrero de 2015, con ese espacio ya activo, un vecino militante fue asesinado a balazos. Se llama Javier Barquilla, tenía 37 años y había salido de su casa para defender a su cuñado agredido por un grupo de transeros. Con ese crimen fue tal vez la primera ocasión en la que se mencionó a «Pandu», apodo de Nelson Aguirre, que dos años después terminó condenado en procedimiento abreviado a 16 años de prisión como autor del ataque.

En ese entonces los familiares de la víctima pedían que la causa llegara a juicio oral con una investigación que abordara también la trama de violencia ligada al narcotráfico que había copado el territorio. Algo que se destaparía mucho tiempo después, en 2022, cuando Pandu fue imputado como miembro de una asociación ilícita liderada por el Viejo Cantero. Le atribuyeron organizar desde la cárcel de Coronda una gavilla dedicada a la venta de drogas que se había extendido al barrio Vía Honda, además de ordenar ataques extorsivos a escuelas y estaciones de servicio.

Del búnker a la financiera

En paralelo al ascenso de Pandu desde la cárcel, en Villa Banana creció otro organizador del narcomenudeo que buscó ocupar su lugar. Para junio de 2017, cuando cayó detenido en el marco de una causa federal, Arnaldo «Junior» Vivas tenía 30 años y ya había acumulado algunos frutos de sus actividades ilícitas: cinco camionetas de alta gama, cinco autos, seis motos y un cuatriciclo que fueron secuestrados junto a armas de fuego y dos kilos y medio de cocaína. En 2020 fue condenado a 8 años de prisión junto a otros miembros de la banda.

Tiempo después, ya durante la pandemia de 2020, en Villa Banana comenzó a sonar Facu Montana, un pibe del barrio que se hacía llamar así por su admiración al personaje de Al Pacino en la película Scarface. El paso del tiempo lo ubicó en una causa federal como el encargado de reponer cocaína en los búnkeres de Villa Banana que para entonces ya proveía Julio Andrés «Peruano» Rodríguez Granthon.

Esa investigación escaló hasta el destino de la recaudación de esos puntos de venta: lejos de los límites de la villa, en pleno centro de Rosario, la financiera de Gustavo Shanahan, extitular de Terminal Puerto Rosario que terminó condenado a siete años de prisión por comercio de estupefacientes. La Justicia consideró que era un miembro de la banda porque garantizaba el acceso a los dólares que eran destinados a la compra de más cocaína que alimentaba la trama del narcomenudeo en Villa Banana.

Narcomenudeo vigente

Desde los tiempos de Pandu Aguirre también pisaba fuerte su cuñado Rodrigo «Wititi» Berón y ambos terminaron bajo proceso como miembros de la banda del Viejo Cantero. Antes de ser desmantelada, esa gavilla fue investigada por varios hechos violentos en el marco de disputas con otros transeros, como lo fue la balacera en noviembre de 2016 que dejó inválido a Julián Zanier por disparos que le provocaron una lesión irreversible en la médula.

Zanier vivía en Gutenberg al 2600, en inmediaciones del lugar donde en junio pasado fue asesinado el policía Rodolfo Manfredi. Pero al tiempo se fue del barrio asediado por conflictos y buscado por la Justicia por el asesinato de una mujer. Se mantuvo en las sombras hasta que el 30 de septiembre de 2021, con 23 años, fue asesinado en el barrio Nuevo Alberdi en un golpe comando al grito de «policía» cuya causa quedó estancada. De pasar de moverse en una silla de ruedas donada por una ONG, terminó sus días en una casa modesta por fuera pero repleta de lujos por dentro: porcelanatos, ducha escocesa, heladera de doble puerta, un televisor enorme y detalles simbólicos como cuadros de Pablo Escobar y Tony Montana.

Los años pasaron, los nombres cambiaron, pero el Viejo Cantero, Dalmacio «Sapo» Saravia y su hijo Leonardo «Leo Rey» Saravia se sostuvieron como principales referentes criminales de Villa Banana hasta que fueron condenados por narcotráfico. Sin embargo, aseguran en el barrio, continuaron ejerciendo su poder copando propiedades y administrando el narcomenudeo mediante personas de confianza. La pareja del Sapo y sus hermanos -la familia Muñoz- mantuvieron ese lugar hasta que cayeron por el asesinato del policía federal. Un hecho que de manera colateral determinará la reconfiguración de un mercado ilícito que permanece más allá de los nombres, las investigaciones y los derribos.

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