sábado, mayo 30, 2026

El callejón oscuro ya no está en la esquina del barrio: crece en Santa Fe el riesgo de redes que apuntan a niños y adolescentes

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El FBI investiga a más de 350 sospechosos en Estados Unidos vinculados a una red descentralizada clasificada como ‘Extremismo Violento Nihilista’. En la provincia de Santa Fe, el grupo True Crime Community irrumpió este año con un ataque en una escuela de San Cristóbal.

El FBI investiga simultáneamente a más de 350 sospechosos en los Estados Unidos vinculados a una red descentralizada que el Departamento de Justicia clasifica formalmente como ‘Extremismo Violento Nihilista’ (NVE, por sus siglas en inglés). Sus principales blancos son niños y adolescentes. Sus métodos incluyen sextorsión, inducción al suicidio, autolesiones tatuadas a navaja, ataques en vivo y, en al menos dos casos en Suecia el año pasado, apuñalamientos transmitidos por Telegram.

Rodrigo Álvarez, analista criminal, Diplomado en Ciberterrorismo por el Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina (IUPFA) y Magíster en Ciberseguridad, investiga hace años el ecosistema digital donde se mueven los grupos conocidos como 764, No Lives Matter (NLM) y la llamada True Crime Community, que irrumpió este año en la provincia de Santa Fe con el sangriento atentado en una escuela de San Cristóbal.

El profesional sostuvo: ‘El callejón oscuro ya no está en la esquina del barrio. Está en el bolsillo de nuestros hijos’.

Álvarez afirmó que el mundo cambió y que el grooming clásico convive con redes organizadas, transnacionales y descentralizadas que no buscan satisfacción sexual ni dinero, sino daño. ‘El sufrimiento del menor es el producto final, no un medio para conseguir otra cosa. Esa diferencia conceptual es decisiva, porque cambia todo lo que hay que hacer para prevenir y para investigar’, advirtió.

Al analizar la historia, Álvarez aseguró que para entenderla ‘hay que volver a la primera década del 2000, a foros como 4chan, a las primeras etapas de Reddit, a los grupos memeros tempranos de redes sociales. Ahí se gestó una subcultura que es, para mí, la semilla de todo esto: la cultura del lulz’. Explicó que ‘lulz es una deformación del LOL, pero con un giro perverso: la risa o la satisfacción que se obtiene a costa del sufrimiento, la humillación o la desgracia de otro’. Añadió que la empatía empezó a ser catalogada como debilidad y que bajo la bandera de la incorrección política se incubó un cinismo donde el otro dejó de ser persona.

Para el especialista, el puente entre aquellos foros y los grupos actuales es la desensibilización. ‘En aquellos años proliferaron sitios web que normalizaron el consumo de material gore real. Eso produjo un cortocircuito cognitivo en toda una generación de nativos digitales. Ver sufrimiento humano real empezó a generar el mismo impacto emocional que ver una película de ficción’, declaró.

Álvarez explicó que estos ecosistemas son conocidos como ‘The Com’ o ‘La Comunidad’, una red difusa, global y descentralizada de subcomunidades digitales que comparten códigos y dinámicas de crueldad. ‘Cuando se cae una, aparecen tres más con otro nombre’, señaló.

Detalló que la división tiene tres grandes avenidas que se cruzan: cibercrimen y hacking, acoso y extorsión extrema (con prácticas como doxing y swatting), y colectivos de sadismo y extrema violencia donde la violencia es el fin y los niños y adolescentes son el blanco principal.

Sobre la captación de víctimas, indicó que miembros del grupo entran a plataformas como Roblox o Minecraft y buscan perfiles que muestren soledad o baja autoestima. ‘La trampa es la empatía’, sostuvo. Luego migran a Discord o Telegram y, mediante manipulación emocional, logran que el menor envíe una primera foto o video íntimo. A partir de ese momento, la vida del chico se vuelve un infierno. En la sextorsión nihilista, la moneda de cambio no es el dinero sino el sufrimiento mismo. Las exigencias incluyen autolesiones, tallarse en la piel el apodo del agresor, actos de crueldad contra mascotas, vandalismo e inducción al suicidio en vivo. ‘Cuanto más sádico y destructivo sea el acto, más estatus gana el perpetrador dentro del grupo’, concluyó.

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