domingo, marzo 15, 2026

Laboratorios de papel y tinta: las historias que laten detrás de la Feria Vecina

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Por Rosario Avalis/ Especial para El Ciudadano

Este sábado 14 y domingo 15 de marzo de 15 a 21 hs se realiza la primera feria de editoriales independientes en Rosario en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC, Paseo de las Artes y el río): Feria Vecina. “Creemos que Rosario es un polo cultural muy importante y que se merece una feria de este tipo. Y creemos que puede crecer”, dijo Nicolás Manzi, uno de los organizadores del encuentro. En esta nota se comparten relatos que exploran las historias y propuestas de algunas de las editoriales que participan de la feria. 

Casagrande

Nicolás está en la puerta de la imprenta, le encanta ir a ver cómo funcionan las máquinas, mirar quién está editando y qué está editando quién. No se le da tan bien la edición sobre el texto, pero vibra en el descubrimiento de un nuevo autor. A veces va a la imprenta a buscar lo que hizo y se pregunta por qué se metió en esa, pero otras veces salta de alegría cuando le gusta cómo queda una tapa. Nicolás Manzi es director de la Editorial Casagrande y de la Editorial de la UNR y es uno de los organizadores de la primera feria de editoriales independientes de Rosario: la Feria Vecina. 

«A mí me gusta decirles editoriales pequeñas».

Las grandes empresas editoriales apuestan a lo seguro, tienen una definición más comercial de lo que es el libro y hacen los libros que saben que van a vender. Nicolás define las editoriales pequeñas como proyectos de edición de catálogos, propuestas de lectura que no terminan de conformarse con empresas, que no buscan un objetivo primordial en el rédito económico. Las editoriales independientes cubren los nichos que las grandes editoriales dejaron de cubrir porque perdieron el interés en editar libros que son más difíciles de vender o libros que son de autores que están empezando a difundir su obra y que no son tan conocidos. Son las que están atentas a las cosas nuevas que pueden surgir en el mundo de la literatura o del pensamiento, de la historia, de la filosofía. «Suelen ser como un laboratorio donde se cultivan estas cosas que no sabemos cómo van a salir y también es donde surgen las ideas nuevas».

Entre las editoriales pequeñas no hay competencia, hay un entendimiento, incluso algo de compasión asegura Nicolás: «Porque de algún modo también vivimos todo contando el mango».  En una época donde manda el dinero, las finanzas y el negocio, las editoriales independientes van a contracorriente. Hay mucha gente involucrada, mucha gente que trabaja con libros y empuja este universo de proyectos alternativos: los editores, la comunidad de lectores y los escritores de los distintos catálogos. Este fin de semana se corona un trabajo muy artesanal y de boca en boca que vienen haciendo para sumar editoriales y escritores de todo el país. 

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Lobita de río

El olor a tinta de grabado invade a Josefina cada vez que abre la puerta de su taller. Y entonces, se vuelve a sorprender. No naturaliza las 140 estampas que están allí secándose, se emociona con el sonido de la guillotina que utiliza para recortar los bordes sobrantes de las hojas impresas. Y disfruta de todo el proceso que significa hacer un libro. Josefina Wolf es ilustradora y está al frente de “Lobita de Río», una editorial artesanal de poesía argentina ilustrada que reúne contenidos vinculados a territorio, diversidad y disidencias. 

Josefina trabaja con máquinas antiguas. Aunque usa impresoras de tinta a chorro o láser para el interior de las publicaciones, todo lo demás lo hace de forma artesanal. Tiene muchas prensas: calcográfica, de encuadernación, tipográfica. Trabaja con tiradas pequeñas, de treinta a cincuenta ejemplares y ella misma se encarga de coser las publicaciones. Tiene un contacto particular con el hacer: la experimentación con las tintas de impresión, las distintas técnicas para las tapas. Cada estampa es original y única. En un contexto de crisis económica, donde no siempre es fácil comprar un libro, Josefina pone el cuerpo en cada uno de los ejemplares.  

«Pero no como una cosa sagrada ni pretenciosa. Nada, es como un gesto de amor y de cuidado hacia el libro, hacia la poesía».

Josefina trabaja con escritores de distintas partes del país, principalmente por fuera de Buenos Aires. La mayoría de los autores son del litoral, un territorio que la convoca mucho en parte porque es de donde viene. La editorial elige a la poesía porque la entiende como un género disidente, que encuentra su camino y puede expresarse de múltiples maneras. Un género que no clausura, que no tiene un lenguaje determinado, preciso, hermético, sino que expande sentidos y convoca. 

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ōmachi

Ernesto Inouye ocupa todas sus mañanas en el taller que está en su casa. Comenzó como un hobby hace seis años, sin la idea concreta de formar un sello editorial. Hasta el año pasado solo había hecho fanzines o plaquetas, ningún libro. Pero cuando le propuso a una amiga suya que escribiera sobre aquella experiencia que le contó una tarde, ella se entusiasmó. Así nace el primer libro publicado por ōmachi: Llueve en el Tambopata de Lila Gianelloni. Y hasta el momento Ernesto lleva armados 315 ejemplares de ese título en el taller de su casa. 

Su primera publicación dentro de este proyecto fue una traducción. Esa podría ser una de las tareas que más le gusta: traducir y corregir. Pero también le gusta hacer cosas con las manos. El año pasado su gran inversión fue comprar una prensa de grabado con la que empezó a hacer las tapas. A Ernesto le gusta todo de hacer un libro, probar, confundirse y encontrarle la vuelta hasta que quede algo lindo. «Me da la sensación que en el proceso, que suele ser medio largo, es como que se va aunando todo»

Ernesto publica las cosas que le gustan: escritos inéditos, rarezas y traducciones. Las temáticas que atraviesan esas historias se relacionan con la experiencia, la observación y el territorio. Ahora se encuentra trabajando en un proyecto que recaba testimonios sobre el 15 de noviembre del 2006, el día de la gran pedrada en Rosario. Completando un formulario o enviando un audio por WhatsApp, muchas personas ya compartieron sus experiencias de ese día del que se cumplirán veinte años. 

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Aguará 

“El aguará es el lobo de crin que, al igual que nuestros cuadernos, deambula por el litoral argentino y tal como cuenta la leyenda, una vez que se ha oído su aullido no se lo puede olvidar jamás”.

Así comienza el manifiesto del Colectivo Editorial Aguará. Desde 2008 este proyecto tiende un puente entre Rosario y Paraná y se propone narrar historias de vida de personas que han sufrido vulneraciones a sus derechos humanos y lograron transformar ese dolor personal en lucha colectiva. Este grupo de militantes en derechos humanos que conforma Aguará recupera a Oesterheld para entender la historieta en toda su potencia, no solamente en su función estética sino también pedagógica: una historieta bien hecha puede contar, narrar y enseñar sobre cualquier tema. 

La propuesta editorial de este colectivo es federal. Visibilizan relatos de la región y convocan a duplas de guionistas e ilustradores de la zona. Desde Aguará también trabajan con escuelas, brindan talleres en distintas organizaciones sociales. Sabrina Gullino, una de sus integrantes, destaca la posibilidad de disputar los sentidos hegemónicos a partir del arte, de lo creativo. «A mí eso es lo que siempre me parece más interesante, poder decir: “a esto lo vamos a hacer visible” y ahí empezamos a modelar desde el guión y desde la ilustración esta propuesta».

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