María Florencia Romano es profesora de historia, se define como nacida y criada en barrio Martín, y creó el primer grupo que lo representa en las redes sociales. Interesada en todos los aspectos del lugar, urbanísticos, históricos y sociales, indagó en fotografías, documentos y escuchó a vecinos para ir dándole forma al grupo de Facebook, que abrió en 2019. El barrio no tiene vecinal, por lo que su iniciativa no sólo la sustituye, sino que fortalece vínculos de vecindad, aclarando que las opiniones difieren en relación con los distintos puntos de vista.
“Al grupo lo creé porque vi que cada barrio tenía su representación en una red social. Decidí hacerlo subiendo fotos y anécdotas en general hasta que vino la pandemia y ahí se fortaleció porque se convirtió en el único canal para comunicarnos”, explica. Y cuenta que en plena cuarentena su iniciativa cobró una dimensión social inusitada.
“Como por la cuarentena no podíamos, comenzó a funcionar para difundir emprendimientos: quién hacía barbijos, o vendía alcohol en gel, o información sobre qué negocio estaba abierto”. En la actualidad, publican emprendimientos del profesional que tiene que dar clase porque el sueldo no le alcanza, la jubilada que hace costura y la mamá que vende artesanías que ella misma produce”.
De esa interrelación y observación del contexto social, Romano califica al barrio como bastante diverso con gente de toda la vida o también con venezolanos o gente del interior que eligieron vivir acá. “Una persona que observa cómo las cosas se van transmutando puede ver que entra gente a una torre con amenities, de lujo, y en la otra cuadra gente que entra a una pensión y viene de trabajar, esas cosas se siguen manteniendo en el barrio”, explica.
El pozo
“Es increíble el estado de proyectos inconclusos del lugar donde hay tanta historia; la yerbatera Martin tuvo un momento de apogeo, dio trabajo, movimiento y hasta el nombre a esta zona, merece tener un buen destino”, reflexiona. Y considera que el barrio no sería nada si no hubiera existido la yerbatera, con sus dos sedes en 1898 y 1929, atravesadas por la historia y hasta con el Che (Guevara) porque su mamá era pariente de uno de los fundadores, los inmigrantes suizos Julio Ulises Martin y Justin Berthet. El pozo que dejó su demolición, en 1981, es una incógnita para el barrio.
Además destaca que el barrio es sede de instituciones educativas como el Colegio Nacional N 1, la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura (UNR), el Hospital Provincial con su capilla y la biblioteca de la Asociación de Mujeres. Al atardecer, decenas de bares destacan con sus luces.
“Es el lugar que sigo eligiendo para vivir por el afecto, porque me gusta bajar y saludar a la farmacéutica a la que conozco hace mucho, caminar una cuadra más y tener la placita (plaza Bélgica) donde sentarme con mis animales y tomar un cafecito allí”, dice María Florencia, describiendo la plenitud que siente en el entorno que ama.
